Vivir en sociedad

 

Bueno, yo me considero un bicho sociable a la mitad. Nunca logro armar lazos sólidos con la gente que me rodea, no como lo hacía antes. Si hablo de mi condición, muchas veces, salen con preguntas que rozan lo absurdo y otras suenan muy hirientes.

No voy a negar que “lo normal” se me escapa. Soy asexual; formo parte del uno porciento de la población mundial. No soy normal ¿Qué es ser normal? Yo cuestiono esta palabra. Creo que vivimos dentro de una utopía que segrega a gente como yo, rara para algunos y “normal” dentro de mi comunidad. Extraña paradoja. Me quedo con una frase “Lo normal es una ilusión. Lo que es normal para la araña es caos para la mosca”. Sí, lo dijo Morticia Addams. Pues, diré que el caos me trajo a mi comunidad. El caos que a mis veintiún años me hizo ver mi diferencia en cuanto a atracción.

 

La sociedad desde que nacemos nos impone patrones. Conducta y modelos a seguir; ideas, estilos, estándares, formas de actuar y desempeñar un papel en este teatro que llamamos vida. Mí condición es mal vista por parte de la sociedad; aún por algunos miembros que bregan por la diversidad sexual. Algunos llegan a discriminar lo que soy, por no cumplir con uno de esos roles o por no comprender realmente lo que simboliza o es ser asexual. En primer lugar deberían saber que no es una elección. La asexualidad es una condición. Dentro de la tómbola de la diversidad sexual me tocó asexualidad.  Siempre es bueno dejar en claro la definición.

Un asexual es una persona que no experimenta atracción sexual hacia otras personas.

A diferencia del celibato, el cual la gente escoge, la asexualidad es una parte intrínseca de quienes somos. Hay una diversidad considerable dentro de la comunidad asexual. Cada persona asexual experimenta cosas como las relaciones, la atracción o la excitación de formas diferentes. La asexualidad no hace nuestras vidas mejores ni peores, simplemente nos enfrentamos a una serie de desafíos diferentes a los que se enfrentan la mayoría de los alosexuales. La asexualidad es distinta al celibato o a la abstinencia sexual, las cuales son comportamientos, mientras que la asexualidad es generalmente considerada como una orientación sexual. Algunos asexuales participan en relaciones sexuales por distintas razones.”

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No entiendo las actitudes de indiferencia o marginalidad que las personas con mi condición vivimos. Muchas veces se me viene a la cabeza todo lo que ellos pasaron; fueron mal medicados, marginados, humillados. Y al asexual que me diga que no vivió esto, les digo que yo sí salí del closet y me moví para saber qué soy y el porqué de mi esencia “El que no se mueve no escucha el ruido de sus cadenas.”

Otros sin embargo nos acogen y nos orientan; establecen lazos para poder hacernos visibles y que se nos reconozca. Para que podamos levantar nuestras manos y decir “Nosotros somos parte de la diversidad sexual, acá estamos. ¡Existimos!”.  A todos ellos les doy las gracias. Gracias por creer en nosotros sin poner ningún pero. Por orientarnos en una labor que deberá ser ardua y entre todos. Como lo que somos, una comunidad. Una comunidad dispersa y pequeña. Una comunidad que debe unirse para levantar la mano y decir presente. La visibilidad es una camino que nos va a llevar años y años de lucha. Un camino que hoy se comienza a formar o vislumbrar.  Sin visibilidad, sin educación, la sociedad no reconocería lo que somos. Sin visibilidad hoy no podría decir “Presente, soy asexual”.

Lo que espero, y quizás suene un poco utópico, es una sociedad que acepte lo extraño sin juzgarlo o poner en dudas el porqué de esa rareza. Creo que vivo de sueños; pero soñar es crear. Crear entre todos un mundo donde se acepte y comprenda lo diverso no estaría mal.  Y como dice mi frase favorita “Si vivir es sólo soñar, hagamos un bien soñando.” Amado Nervo.

Patriciagr, activista

 

 

 

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