Daltonismo sexual

Si las atracciones fueran colores, los asexuales serían daltónicos para el color sexual. Podrían ver otros colores, atracciones, como el romántico o el estético. Pero si les preguntaran por el color sexual, ellos no sabrían responder. No lo ven. Y no es ni bueno ni malo, ni mejor ni peor. Los daltónicos simplemente lo son.

Como asexual, la atracción sexual me resulta ajena y a veces recurro a esta metáfora de la deficiencia visual para situarme. Al parecer debe de existir un color estupendo y maravilloso que entusiasma sin excepción.

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Todo el mundo quiere tener alguna prenda de esa tonalidad porque es deslumbrante y sin igual. Sin embargo, yo no. Me enseñan camisetas de ese color inexpresable y no me llaman la atención. Me parecen sosas, insulsas. No veo qué tienen de increíble, maravilloso y deslumbrante. Para mí son de una tonalidad anodina y aburrida.

Yo no veo ese color tan fantástico.

La gente se sorprende de que no me interese por esas prendas y que no las vista. Si es que es imposible que no puedan gustarme. Y tal vez tengan razón. Si viera ese color quizá también me encantara. Pero es que soy daltónica y no lo puedo ver.

Por más camisetas, pantalones, chaquetas que me enseñen no van a conseguir nada. Por más que me cuenten todas sus bondades. Por más que me insistan que me pruebe alguna prenda,  que lo que pasa es que no me lo he visto puesto y cómo me quedaría.

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No lo entienden. Aunque me llegara a sentar bien la ropa de ese color inexpresable, para mí seguiría siendo de una tonalidad anodina y aburrida. Para mí seguiría siendo una ropa sin interés y que llevaría sin ganas. Atracciones, colores, daltonismo. Los daltónicos no son diferentes, ven diferente. Y tan sólo en algunas tonalidades. Los asexuales no somos diferentes, vemos diferente. Y tan sólo en algunas tonalidades.

Baikal Balkash 

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