Una rareza con nombre propio

UNA RAREZA CON NOMBRE PROPIO

Por Anna Saumell / Paloma Hérisson (AVEN)

Dos niñas en un autobús escolar. Tercero de primaria. Ocho años de edad. Una se aburre.

– Venga, ¡juguemos a algo!

– Y … ¿A qué quieres jugar?

– ¡A contar camioneros guapos que pasen por este lado del autobús!

La otra niña mira aback-to-school-183533_960_720 su amiga con desconcierto. *¿En qué estará pensando? ¿A los ocho años alguien ya sabe distinguir cuando alguien es guapo?* Las dos se ponen a mirar por la ventana, una muy emocionada y la otra sin entender en qué consiste el juego.

***

Recreo del colegio. Misma niña con otra amiga, dos años después:

– Pues ¿sabes qué? ¡Mi hermana tiene novio!

– ¿Y es guapo?

– Mmmm …

La amiga se queda con cara inquisitiva, nunca llegará a recibir una respuesta a esa pregunta, puesto que no la hay. *Pues no lo sé, la idea ni tan siquiera se me había pasado por la cabeza, ¿de verdad importa mucho eso?*

***

colored-pencils-656174_960_720

Un año después. Viaje de final de curso, grupo de niñas de once años, algunas doce. Parte de arriba de una litera.

– Venga, a ti, ¿quién te gusta?

– Pues nadie, quién va a ser (se ríe).

Segunda ronda. Misma pregunta.

– Tienes que contestar algo, no vale decir “nadie”.

La mirada de la niña hace un recorrido por las miradas de sus compañeras, que esperan una respuesta. Brillo en sus ojos. *Inventa. Miente.* Lo hace.

***

Años después. Adolescencia. Indiferencia.

– Pues el otro día conocí un chico y …

– ¿Y te gusta?

– Mujer … No sé … Tampoco lo conozco tanto …

***

Convergencia. Dudas. Colapso. Concepto. Revelación. Comprensión.

Anuncios