Luz

La fe es el pájaro que siente la luz cuando el amanecer todavía está oscuro.-Rabindranath Tagore.

Sé el porqué del valor que le doy a mi identidad; creo que cada uno le da un valor determinado dependiendo las circunstancias que pasaron para llegar a la pieza del rompecabezas que faltaba para entender esa singularidad que marcaba la diferencia del resto. Muchos de nosotros decidimos buscar la causa a eso que veíamos tan extraño y que el resto no compartía.

La sociedad hace unos años atrás no contaba con la visibilidad con la que cuenta hoy, miren la oscuridad que hubo en esos tiempos que aún hoy somos una de las orientaciones más invisibles y poco entendidas que hay; no estaban preparados para comprendernos, no estaban preparados para escucharnos; simplemente buscaban algo que justificara la causa; he tenido tantas etiquetas que ya no sé cuál es la peor. Creo que el rotulo que aún hoy más me pesa es aquella que utilizan siempre para justificar que no soy apta para determinada labor; soy la loca. No me preocupa ser loca, mi locura ha construido mucho y seguirá construyendo aún más; porque es la que me impulsa a seguir, a crear, a organizar, a pensar que el otro no merece pasar por lo que yo pasé.

La falta de visibilidad trajo consigo cicatrices muy difíciles de borrar. Hubo un tiempo donde yo rogaba ser la única que padeció esa locura, pero a medida que conté mi historia ellos comenzaron a aparecer. Gente igual a mí, gente con cicatrices en el alma, gente marginada, gente que le da el mismo valor que yo a la visibilidad, a su identidad. Nos costó mucho llegar a casa; contemplamos una oscuridad inmensa. Oscuridad que alguna vez creímos que no tenía fin. Juro que muchas veces he pensado que me devoraría; que me hundiría en la desolación por completo. Y que el caos era lo que merecía por ser diferente a los demás.

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Creí ser merecedor de este premio por no ser completamente humana; es lo que sutilmente me decía quien me condenó. Creo que muchas veces los profesionales deberían pensar apropiadamente las palabras que usan; son gente que sabe el valor que tienen y lo que puede llegar a causar en el otro. Muchas veces nos quiebran; a mí me quebraron en tantos pedazos que hoy me suelo ver pegando piezas rotas de lo que un día fui -¿Dónde estoy?- me suelo preguntar. Extraño lo que fui; no se dan ni una idea lo que me extraño. Daria todo por tener en esos días la visibilidad que hoy muchos tienen. Hago lo posible para iluminar el camino que aún hoy tiene muchas sombras para que lleguen a casa; para que no tengan cicatrices iguales a las mías.

Cada vez que llega un chico de dieciocho años a la comunidad siento un gran alivio, alivio para el corazón. Que mi historia no se repita y que sirva para ayudar me alivia y calma; siento un reconfortante calor y felicidad. No lo entenderían.

Igual hoy hay gente que desmerece el valor que tiene esa luz que ayudó a iluminar mi camino; antes de llegar a la respuesta, a lo que soy, pasaron quince años. Quince años para que mi psicóloga me hable de la asexualidad. Quizás a ellos la visibilidad no les sirve para nada porque se la sirvieron en bandeja de plata; muchos la tuvimos que pelear. Todo cambia según la perspectiva. Si alguien no hubiese iluminado mi oscuridad; si no hubiese iluminado el camino; no sabría que soy, no sabría que hay más como yo, de seguro caminaría con una etiqueta errada, seguiría caminando en círculos buscando una respuesta. Si alguien hoy no te hubiera brindado luz, no sabrías que sos, no sabrías que hay más como vos, de seguro caminarías con una etiqueta errada, caminarías en círculos buscando una respuesta; o quizás te conformarías con aparentar. Yo no quiero vivir de apariencias; yo quiero ser yo. No lo sé, no soy vos; lo único que sé es que la visibilidad se necesita; o no estarías acá conmigo.

Patriciagr; activista asexual. República Argentina

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