A la distancia

 

 

Soy de esas personas a las que nunca se le cruzó por la cabeza tener amigos a la distancia y menos con un ordenador de por medio. La palabra ordenador, móvil, mogollón, flipar, hijole, chingón, se me pegó de las comunidades española y mexicana.

Es medio raro hablar y que en medio de una discusión se te escape “Flipas” o “Qué te den”. Por lo menos mi familia me ve como una desubicada con más vida en el ordenador que en lo social. Pero en ese ordenador tengo gente que me entiende, igual a mi, de mi misma condición. No me siento cuestiona, soy libre. Puedo sumarle palabras como ordenador (compu), móvil (celu), fresa (frutilla), cacahuete (maní).

Siempre dije que la comunidad me adoptó; tengo una personalidad un tanto complicada entre terca y obstinada. Pero quien se gana mi afecto sabe quién en realidad soy; sin dejar de lado lo terca y obstinada.  

Tengo ya casi cuatro años en la comunidad AVENes. Formo parte del uno porciento de la población mundial que entra en la etiqueta asexual. Me llevó trece años encontrarme con ellos, trece años de preguntas, cuestionamientos personales y ajenos. Trece años girando alrededor de soluciones mágicas, teorías personales y de profesionales. Cuando uno descubre lo que es no se puede sacar esa etiqueta de la mente; te das cuenta que no estas sola; el mundo toma otra dimensión porque al fin te topas con tu esencia.

Mis amigos, si, puedo decir amigos están distribuidos en México, España, Paraguay, Uruguay, Brasil, Portugal, Perú, Venezuela, El Salvador y Honduras. Es muy difícil tenerlos tan lejos pero a la vez sentirlos tan cerca.

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Con muchos trabajo en lo relacionado a visibilidad, ellos me sirven de apoyo a mi y yo a ellos. Somos como un pilar o pilares que trabajamos por un bien común, visibilizar nuestra orientación sexual. Una no comprendida y oculta. Si hablamos de nuestra orientación sexual, aún en muchos países no se conoce ni la definición y menos los estudios realizados. Tengo suerte de vivir en un país donde poco a poco esa oscuridad adquiere cierto tono claro. Miro con optimismo ese despertar reciente.

Tengo planes de conocerlos poco a poco, me gusta viajar y ya que tengo amigos en cada puerto no le veo el problema ¡Un problema es el avión! Si, tengo miedo de quedar en la sala de abordaje dando giros como una gallina sin cabeza. En realidad me veo tomada muy fuerte de la puerta mientras la azafata y el Capitán me empujan  para que ocupe mi asiento. Me tiene que creer cuando digo que de mi se puede esperar cualquier cosa.

Así como creo que el combustible más importante de una comunidad son los proyectos y la unidad. También creo que el combustible más importante de una persona son los proyectos y los amigos, hoy los tengo, doy gracias de tener metas nuevamente y el impulso para concretarlas. La diferencia es que esta vez no pienso renunciar a ellas. Y aunque da mucha rabia tener a alguien de mi comunidad a horas, días, kilómetros, países, continentes; sé que están.

Patriciagr

 

 

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