Tolerancia sin comprensión

Voy saliendo en mi condición de asexual a varias personas y me voy encontrando una diversidad de reacciones. Hasta el momento no me he topado con ninguna especialmente negativa, quizá porque desde el principio selecciono a quienes decido compartir esta información.

No es algo que le cuente a cualquiera en una mezcla de pereza ante las explicaciones y sentir que tampoco es algo que deba anunciar a todo hijo de vecino. No es ocultación, ya es esa naturalidad de que a unas personas les comparto unas facetas mías que no comparto a otras.

En mi experiencia de salir las respuestas que he recibido han sido respetuosas y tolerantes y hasta el momento nadie me ha hecho de menos después de haberle dicho que soy asexual. Entienden que mi orientación sexual es independiente de mi relación con ellos y que adjetivo arriba adjetivo abajo no va a cambiar nada de cómo vengo siendo hasta ahora.    Tolerancia, sí, está muy bien. Sin embargo, a veces me deja un poso más áspero que esa tolerancia no vaya acompañada de comprensión. O esa es mi impresión. No se toman a mal que sea asexual, pero tampoco comprenden del todo lo que ello supone. El pertenecer a una minoría sexual, el que en esta sociedad tan mediada por el sexo uno se sitúe al margen del interés por el mismo.

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Cómo la falta de atracción sexual cambia la forma ver y sentir las relaciones con los demás. Cómo equilibrar el sentir la necesidad de una pareja romántica y a la vez ser consciente de que la vivencia de la intimidad sexual es diferente, con lo que ello condiciona la relación.

Ese vivir en la invisibilidad y las sombras reservándose en muchas ocasiones pensamientos sinceros pero que chocan con el marco social del interés sexual. El esfuerzo a nivel interno que supone estar rodeado de tantas realidades en la publicidad, el grupo de amigos, la familia que uno siente como ajenas. El esfuerzo externo cuando uno se implica en el activismo y le dedica parte de su tiempo a que la asexualidad sea conocida y respetada.

Con todo ello, cuando me encuentro que al decirle a alguien que soy asexual se lo toma como si nada, me produce una doble sensación. Por un lado positiva, de oh, lo ha aceptado, no lo ha negado, se lo ha tomado con naturalidad. Pero por otro es pensar que está pasando de algo que para mí es muy importante y que me supone mucho como persona.

Me pregunto si es más que yo sobrevaloro mi vivencia de la asexualidad y mi implicación en su visibilidad, que le doy demasiada importancia, o si son ellos los que realmente no alcanza a comprender lo que supone no ya ser asexual, sino pertenecer a una minoría sexual. Quizá sea una mezcla de ambas.

Me pregunto si cuando le digo a una persona que soy asexual y se queda con un, ah, vale, como si no pasara nada, y al de poco cambie de tema no es también una forma sutil de desprecio. “No me importa” que seas asexual. Me refiero sobre todo en casos donde la otra persona igual justo acaba de oír por primera vez la palabra así empleada, vamos, que no tiene un marco previo en el que situar lo que eres.

Me llama la atención esa falta de curiosidad por saber más, por abrir la mente a la diversidad y a otras realidades que igual les son más lejanas. Les explico el concepto básico a la espera de que asalten con dudas, curiosidades, preguntas y no sucede. Se quedan en el ah, vale, muy bien y no pasan de ahí.

¿Es esto aceptación realmente o una velada negación? No te dicen el no a la cara, pero a la vez transmiten un aire de que es algo sin importancia. ¿Que una persona se haya encontrado a sí misma quizá después de inquietudes, de haber vivido experiencias que le han interpelado y le han llevado a cuestionarse a sí mismo, el proceso de autoconocimiento que ha tenido que realizar realmente no es importante?

Creo que además de trabajar por la asexualidad como concepto y repetir la definición básica como papagayos tenemos que hacer un esfuerzo en que la gente comprenda lo que supone ser diferente de la mayoría. Ya no sólo por el caso particular de la asexualidad, sino por otras minorías. Educar de forma integral y no conformarnos con una fría trasmisión de conocimientos. Trabajar no sólo el saber, sino el empatizar. No quedarse en que la gente tolere, sino que comprenda.

Baikal Balkash

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