La imposibilidad de visibilizarnos

Hace un año atrás hice un curso sobre sexualidad, estaba destinado a chicos que entran a la adolescencia pero siempre enfocado en la diversidad sexual. Es un hecho que en mi país las familias homoparentales ya están presentes y se prepara para los prejuicios que la sociedad tiene arraigados; pero qué tal si empezamos por casa.

El primer prejuicio que encuentro es en los hombres, la mayoría son completamente invisibles, eso se debe al rol de “machos” que mamaron desde la más tierna infancia. La mayoría sostiene un “yo soy normal” sin cuestionarse qué tan normal es para buscar pareja dentro de una plataforma que hace activismo por una condición sexual poco frecuente. Otros dicen “a nadie le importa”, si a nadie le importara él no hubiera llegado a conocer su orientación o condición sexual, siguen encubriendo el verdadero porqué de su invisibilidad. La sociedad no está preparada para asimilar desde la inclusión a lo diverso; aún dentro de la comunidad toda forma de vida diversa se la excluye; se ve en el homofóbico, el misógino, el antisexual, el antiarromántico. Sin hablar de los que se cuelgan de la etiqueta “trastorno” para decir “¡Ojo, que soy normal, no se confunda!”

La verdad es que fuimos maleducados, incapacitados para comprender la complejidad del hombre. Nos atamos a una norma que no existe, la variedad es el motor universal de la humanidad y no lo tenemos en cuenta. Nos lastimamos, insultamos, no sabemos ser civilizados, no sabemos apreciar al otro, no sabemos trabajar como comunidad, no sabemos la riqueza que tenemos en nuestra variedad. Esa es la educación que nos dejaron ¿Es la educación que queremos?
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El curso consistía en ver la gran variedad de diversidad dentro de la sexualidad humana, una de las orientaciones que estaba presente era la asexualidad. La docente se refirió a nosotros como “fantasmas cibernéticos”; entes sin rostro que trabajan en un mundo virtual. Pero al mismo tiempo hizo dos críticas. La primera a la sociedad; la cual tiene una percepción normalista y que excluye a toda persona que no entre dentro de esas características idóneas que nos hacen “seres perfectos”; pero también hubo golpes para nosotros como comunidad. Golpes que veo reflejados en algunos activistas. Ni nosotros tenemos la capacidad de salir de lo virtual y dar una imagen de humano; y digo desde acá, desde facebook y todas las redes sociales. Las caras visibles son pocas, hay que tener huevos para ser cara visible y sin embargo veo como muchos los atacan y se preguntan por qué se sale “para visibilizar”; para que vos llegues, para que él llegue, para que otros lleguen. Para que se enteren que existimos.

No aceptamos nuestra diversidad por miedo a lo que el otro diga “¡Guarda, no vayas a perder la etiqueta de macho!” de por sí, ese valor se lo damos nosotros. Yo no considero hombre al que más coge; perdí activistas porque sus novios le prohíben trabajar conmigo por el qué dirán o porque es suficiente, ya son normales. Entiendo el miedo que guarda el prejuicio. Yo conocí el prejuicio y los prejuicios nacen de la ignorancia que existe por la falta de educación. La educación es el motor principal para la acepción, así como el activista es el motor principal para educar en cuanto a diversidad. A mí me parece que nos falta mucho por caminar, creo que no se sabe trabajar aún como comunidad porque no se comprende la riqueza y también se acepta como válido mucha idea cavernícola inculcada ¿Quién es hombre? ¿Cómo ser hombres, superhombres, machos latinos? Creo que hay que educarnos por casa. Comprender la palabra normal como un espejismo que no se va a alcanzar, que no coger no te hace menos hombre, que por más que metas al closet a tu novia van a seguir siendo asexuales. Para comprender “hay que aceptarse”. Y si no comprendemos lo que somos y si no vemos lo diversos que somos, si no vemos lo grande que es la diversidad y que ser diversos no está mal; dudo que comencemos a navegar en una misma dirección.

Igual soy terca, mucho, para mí lo imposible es un reto. Creo que la utopía es un motor bonito del cual atarse. Me gusta la frase que dice:

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar. Eduardo Galeano

Hay que seguir caminado…por cierto, el tercer día que estuve en la comunidad puse mi foto. No tengo vergüenza para perder. A la gente no le importa lo que haga en mi cama, nunca cuestiono eso a nadie e impido que me lo cuestionen. Me acepto, soy Patricia, siempre fui así. Soy diversa, como cada uno de ustedes… por algo están acá.

Patricia

 

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