Desde la visibilidad te digo

Escrito por: Patricia Gr

Exponer que el asexual es bien aceptado por la sociedad es negar la realidad que muchos asexuales que ya salimos del closet vivimos a diario. Muchas de esas personas son un nick dentro de lo virtual, sin identidad real, sin salir de confort que les brinda la alonorma. Quizás, el acojo que les da el closet es el que no les permite ver ese matiz de fobias e invisibilización que recibe el colectivo. La sociedad juzga gracias a su mala formación educativa en el terreno de la diversidad sexual; somos el resultado de lo asimilado, de la heteronormatividad reinante, de la mala formación, de la invisibilización de las múltiples sexualidades.

Muchos asexuales se amparan de la heteronormatividad y desde ahí juzgan a los asexuales que salieron de ese confort. Si no existiera discriminación, burla, patologización, fobia, no tendría vergüenza de mostrarse y decir «esto es lo que soy, soy diverso, soy humano». Si todo fuese un cuento de hadas vos no tendrías vergüenza de expresar «soy asexual, no experimento atracción sexual por otras personas». El mundo no es un cuento de hadas, tenemos la desdicha de ser una minoría negada por las minorías, por otras diversidades.

La asexualidad es invisibilizada y patologizada por profesionales de la salud; que aún nos cuelgan la etiqueta de patología pese a ya no estar dentro del manual del diagnóstico. Somos invisibilizados por el periodismo o ciertos programas que venden morbo y ridiculizan nuestra orientación. Algunos asexuales sufrieron y sufren violaciones correctivas que son silenciadas por la sociedad y por miembros de su propia colectividad: 

  • «De eso no se habla»
  • «No lo cuentes, perjudica al colectivo»

Muchos fuimos patologizados y en ese transcurso sentimos que algo se nos rompió. Otros sentimos la presión social por ser diferentes, por no poder cambiar. No vivimos en un cuento de hadas, vivimos en una realidad llena de intolerancia que no admite cambios. Somos negados, burlados, invisibilizados, sentimos el odio y la presión de una sociedad que se resiste a aceptar un mundo diverso. No me digas lo que yo percibo desde la luz, no digas que miento, que la presión social no existe, que no sufro burlas o acoso.

Desde la visibilidad te digo «no me silencies».