Sexo y helados

Toda esta carta comienza hace unos días cuando mi prima, que es bisexual tirando a lesbiana, me habló de que muchas personas de los colectivos LGTB opinan que no se debería incluir en esos colectivos a los asexuales ya que ellos no son ni han sido oprimidos ni discriminados.
Dejando a un lado que discriminar más no lleva a ningún sitio, esto.¡Es complicado! Porque básicamente hay que quitarle la piel a la manera que tenemos de pensar y de pensar en sociedad para ver dónde está el problema.
Pasa y resulta que los asexuales son discriminados de otra manera, no les tiran piedras ni los condenan a muerte. Simplemente no existen. Cualquier persona que disfrute del sexo no concibe que a alguien no le guste el sexo, como un hincha de fútbol no entiende que a alguien no les guste el fútbol, en su lugar lo que se concibe es que la persona que no disfruta el sexo lo está haciendo mal. Por eso la asexualidad no se suele reconocer normalmente y al ser una sexualidad que no afirma nada quien es asexual acaba siendo un manojo de confusiones, inseguridades y frustraciones para con su sexualidad.
Me considero asexual, por cierto.
No disfruto del sexo.
Básicamente estás fuera del juego. Como no estás contra la norma los “normales” no te crucifican, sólo te consideran alguien con problemas, pero como tampoco eres un paria los parias no te reconocen como uno de los suyos. Acabas en un limbo raro sin nadie en quien apoyarte, porque además la asexualidad tiene un espectro amplísimo y no hay dos asexuales que vean el sexo de la misma manera.
Yo he tenido a heteros diciéndome “que me han follado mal”, “que es que no soy un hombre pero ya lo seré” y similares. Y he tenido a homos diciéndome “es que estás en el armario”, “a ti lo que te falta es comerte una polla”, “no has encontrado a quien te quiera” y otras cosas que bien, lo que se dice bien, no sientan. En conclusión, tanto unos como otros no te dicen que seas diferente, sólo que estás mal hecho o que algo estás haciendo mal.
Y como no das una respuesta te frustras.

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Una persona homosexual normalmente primero actúa como una persona heterosexual, muchos chicos gays han tenido novias de adolescentes y muchas chicas gays han tenido novios de adolescentes. Pruebas lo que consideras normal y resulta que no te gusta. Así que pruebas lo anormal y resulta que te encanta. Ya tienes tu respuesta.
El asexual por mucho que lo intente sólo puede encontrar maneras alternativas de disfrutar el sexo porque la respuesta no está en el otro. Un homosexual y un heterosexual dan respuesta y sentido a su sexualidad en el género de la otra persona. Un asexual no puede encontrar su respuesta ahí.
Y no estás roto, pero te sientes roto. Sientes que algo no funciona. Que algo haces mal. Pero no hay nada roto. Eres así. Pero no hay nadie que te diga que puedes ser así. No es algo que tenga solución salvo aceptar que eres así y no hay mucho más que hacer. No es como “ah, mira, tirando por aquí encuentro mis sonrisas”. No. No lo disfrutas y es probable que al menos como el resto del mundo nunca lo disfrutes ni lo desees. Lo más que puedes esperar de ello es encontrar a alguien con quien hacer las cosas que te gustan. A mí por ejemplo me gusta inventarme juegos, me gusta unir los lunares con un boli, me gusta leer cuentos luego de hacerlo, me gusta ser usado para el disfrute de la otra persona. No disfruto sexualmente, no llego al orgasmo y nunca gimo. Me lo paso bien como cuando jugaba al pilla pilla o a batallas con globos de agua. Cuando solo ha habido tensión sexual, luego preliminares, luego sexo y al final hablar escuetamente de ello y a dormir, me he acostado con la mirada perdida como si acabase de vivir un domingo de esos muertos; otras orientaciones sexuales pueden encontrar a alguien con quien acostarse en muchos sitios sin embargo el asexual se enfrenta a “como a mí no me gusta el sexo voy a… ¿buscar a más gente a la que no le gusta el sexo para follar de manera rara de tal forma que al menos nos divirtamos un poco?”. Acabas más deprimido.
Es por esto que a la hora de acostarse alguien sexual con alguien asexual, el asexual tiene que tener el cuidado para decir lo que quiere y también para hacer que la otra persona no se sienta mal o incómoda. Y tiene él o ella esa responsabilidad porque el raro es él o ella.
Pero es muy complicado dar visibilidad a la asexualidad. Porque no tienen una respuesta.
Y aquí entran las heladerías. Imagina que el sexo es comer helado. Pues hay gente rara que le gusta el helado de menta con chocolate, esa gente forman parte de “los que les gusta el helado de menta con chocolate”. Pero hay gente más rara aún, a quien no le gusta el helado. ¿Hacen el grupo de “Los que no les gusta el helado”? No tienen nada en común, uno come brownies, otro galletas y otro macarrones. Les une “no ser normales”, les une su “oposición a la normalidad del helado”. Porque no les une nada realmente. Les une no ser parte de otras cosas. Existen como grupo porque son los que no entran en ningún otro grupo, una suerte de cajón de sastre. Lo cual les hace raros por antonomasia, porque que a alguien le guste otro sabor de helado es más concebible a que no te guste el helado en absoluto.
¿Solución?
Se me ocurrió que las heladerías ya tenían la solución.
En algunas heladerías además de helados sirven cafés o cola caos o incluso fruta. Y aunque hay gente que te mira raro si pides esas cosas en las heladerías, yo lo he hecho y mis amigos lo han visto como… no normal, pero tampoco han sido incapaces de aceptar que no quiero un helado. Luego ya todo sería cuestión de encontrar a alguien con quien ir a una cafetería y que él o ella se pida un helado si quiere.
Lo malo es que está todo muy liado en estos temas. En parte porque el sexo se ha convertido, con los siglos, en una actividad a la que darle todo tipo de responsabilidades. A él se le ha echado que es la cosa que hay que hacer para tener hijos, es la cosa que indica que amas a alguien, es la única cosa que haces con tu pareja que no puedes hacer con nadie más, es la cosa que implica que sientes algo por alguien, es la cosa que implica un mayor grado de relación sea amistad o amor, es la cosa que se prohíbe, se desea, se busca, se conquista, donde uno puede ser quien no es el resto del día, donde culminar tu matrimonio, es mil millones de cosas. Y cada uno la entiende de una manera.
Pero es como lo de los helados. Hay mil sabores. Todos son helados. Pero hay quien dice que si tomas helado de fresa con alguien ah, es que le amas, si tomas helado de chocolate con alguien es que te va el chocolate y por tanto eres tal o cual cosa o que no puedes tomar helado de vainilla hasta que te cases. No, tío, son helados. Déjalo. No le busques implicaciones a comer helados.
Son helados.
Están ricos.
Se comen.
Porque están ricos.
Y ya está.
El tema se lía mucho porque normalmente el sexo se liga al amor. De esta manera están saliendo incluso más categorías y definiciones. Como personas que sexualmente son atraídas por un sexo pero son capaces de amar a ambos sexos, entonces son, por ejemplo, heterosexuales y birrománticas. O se acostarían con penes y con vaginas, las tengan quien las tengan, pero sólo son capaces de amar a un sexo. Entonces son bisexuales heterorrománticas u homorrománticas.
Aunque lo veo como echarle barro a la ciénaga para espesarla aún más.
Yo creo, desde la frialdad de mi asexualidad hablo, que el sexo es una actividad en la que dos personas se desnudan y se dan placer utilizando principalmente sus órganos sexuales así como otras actividades que activan la excitación del contrario. Dicha actividad es divertida pero contiene información sobre los participantes que se considera íntima o secreta por lo que practicarla con alguien en quien confías más que en nadie (por ejemplo, tu pareja) es lo ideal, pero no es necesario.
Y ya está. Es que no tiene mucho más. Es una actividad como lo es jugar al ajedrez o componer un poema con alguien o compartir un helado.
Pero el amor no implica sexo igual que el sexo no implica amor. Sólo somos culturalmente influenciados, tomando el acto sexual como rito social, a darle una importancia a desnudarse frente a otra persona.
Al atar el sexo al amor y el amor el sexo hacemos que nuestras orientaciones sexuales también decidan de quiénes nos podemos enamorar. Es decir, un chico heterosexual no se concibe que se pueda enamorar de un chico. Se diría que el chico es bisexual y a correr. Bajo esa lógica un asexual no podría enamorarse de nadie y eso no es cierto. Ese chico heterosexual que se enamora de un chico quizá ni quiera acostarse con ese chico, y de hacerlo quizá no lo disfrute físicamente, pero si está enamorado seguro que disfruta verle sonreír.
En otras palabras. Debería darnos igual cómo alguien se come un helado: si en cucurucho o en tarrina y debería darnos igual de qué sabor alguien se toma su helado. Sobre todo debería darnos igual que alguien pida helado o café.
En conclusión, hagamos lo que hagamos en la heladería deberíamos de desconfiar y juzgar a quienes no hacen lo que nosotros hacemos. Porque cada persona realmente es un mundo y nadie entiende el amor ni el sexo de la misma manera. Hablando de absolutos solo nos perdemos y logramos que haya gente que se confunda porque no sabe qué es, si es que está mal hecho, si es que ha hecho algo mal.
Ese es exactamente el pensamiento que deberíamos intentar que nadie tenga:
–¿Qué soy que estoy mal hecho?
Porque nadie tiene culpa de ser quien es.

Comepacmans, Madrid

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