Cohete espacial

Con la falda a las rodillas, y recargando los muslos en el aire, Marlene dejaba que su estomago se vaciará, por no quedar mal con sus compañeras, había tomado dos pastillas anticólicos, aunque ella no los tuviera, es más, ni siquiera había tenido su ciclo menstrual por primera vez, ¿pero era posible cumplir quince años y no tenerla? Sus compañeras celebrarán el hecho de ser sexualmente activas el día de su fiesta, mientras ella, suspiraba por sentir un cólico y ser parte del grupo.

A decir verdad, la madre de Marlene la había “sobreinformado” acerca de todo tema sexual, entendía perfectamente qué órganos usar, qué pasaba en el cerebro humano, en su química y en sus reacciones físicas durante un orgasmo, también conocía medicamentos químicos y naturales para abortar, para quitar los cólicos, marcas de lubricantes y condones, así como un hospital seguro para abortar, sabía que ella, posiblemente era heterosexual, aunque jamás había sentido atracción de ningún tipo por nadie, hombre o mujer.

Aracely, la madre de Marlene, era sexóloga, su padre ginecólogo especializado en atención a adolescentes, ella una hija única, de la cual no podían encontrar en su historial de visitas a internet ni una fotografía pornográfica, ni siquiera un chiste subido de tono, Marlene tenía una fascinación por los cohetes espaciales, decía su madre, que en realidad hablaba de una atracción fálica, pero, Marlene no “maduraba” sexualmente, por lo tanto, se enfocaba una asexual atracción hacia la física, los cohetes y como penetraban hacia el universo.

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Su padre, nada asustado, sabía que su hija más temprano que tarde tendría un periodo, sin cólicos, como su abuela y su madre, además, por antecedentes genealógicos, seguramente sería fértil y capaz de tener una eyaculación femenina.

El sexo, era un tema común en la familia de Marlene, por lo que a sus amistades les encantaba tener fiestas en su casa, además que en los dos pisos que conformaban el hogar, había condones en cada baño, y bien sabían que la madre de ella consumía mariguana, y que, a veces “olvidaba” su hierba en cualquier lado, curiosamente, cuando el verano traía consigo las fiestas.

Pero, ese verano no habría fiestas, Marlene había decidido que por cumplir dieciséis merecía un viaje a una playa semidesértica de Guerrero, los pies en la arena, las olas mojando sus dedos, y algo húmedo salió de su cuerpo, era un tanto doloroso y olía a metal “¡la regla, la regla, la regla!”, feliz corrió a un baño público, abrió la puerta y se colocó el tampón, el cuál, su madre, le había explicado durante toda su vida cómo usar, aún así le dolió un poco insertarlo, no era cómodo como lo había prometido, ni imperceptible, al salir, sentía como si tuviera atorada una bolsa de algodón con todo el material quirúrgico que usaba su papá.

Llegó la hora de la cena, y casualmente sus padres la dejaron sola en el restaurante, esperando que algún chico se acercará, pero Marlene bien sabía que ella no provocaba ningún deseo sexual, su cuerpo era más cercano al de la protagonista de cualquier película infantil que al de una porn star, no era como si a ella le interesara tener una relación sexual. Nadie se acercaba, ni los meseros, era ignorada, su puntiaguda nariz, sus delgados labios y sus afiladas facciones la hacían parecer un muchachito disfrazado con un vestido y tacones, adolorida y cansada subió al cuarto, introdujo la llave solo para ver a sus padres con juegos swingers , tampoco era la primera vez que esto pasaba, no le generaba ningún trauma, pero no podía entender cómo es que el sexo fuera el protagonista en la vida de todos, tanto así que era lo que daba sueldo a sus padres.

Salió a caminar a la playa, chicas y chicos spring breakers se desinhibían en la playa, no se sentía parte de ellos, ni de sus padres, ni de sus amigas, ni de nada, ella solo era una chica con los huesos salidos, se quitó el vestido, tampoco entendía cuál era el problema de los humanos con la desnudez, acostada en la arena sintió su cuerpo contra la playa, se imaginaba en un cohete espacial, no era parte de este mundo, era un alien, sin interés romántico ni sexual, ¿era un alien? O tal vez el humano ya estaba demasiado capitalizado que creía que el sexo era una moneda y un estatus más ¿qué le importaba sus padres si ella no quería menstruar? No pensaba reproducirse, no le interesaba tener ninguna actividad sexual con nadie, ni enamorarse, no era hetero, ni homo, ni bi, ni pan, solo era Marlene, la futura astronauta.

Citlally Villarejo

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