Azulejo

 

Irma solo tenía un placer en la vida, las velas, ya fueran aromáticas, o hechas por ella misma, su habitación estaba llena de ellas y jamás temía provocar un incendio.

Obligada por su madre fue empujada a asistir a un evento cultural, distraída con las nubes grises, calculando en cuántos minutos saldría el conductor a anunciar que todo se había cancelado, una voz la sacó de sus pensamientos.

-¿Puede acomodar su cabeza? Por favor.

Se giró para descubrir que la autoritaria voz venía de un pequeño y delgado cuerpo, cubierto por una falda de cuadritos y un suéter verde, sus ojos mostraban ternura, pero, el resto de su rostro enojo, su boca se apretaba y sus cejas secundaban el gesto.

-¿No me escuchaste? Mueve tu cabeza.

Como un perro entrenado regresó la cabeza, alineó la columna y se quedó mirando el vacío del escenario, pero los quejidos y suspiros de la chica la distraían, la sintió levantarse y la siguió , no sin antes tirar un par de sillas.

lights-1541093_960_720

 

-Espérame, ¿por qué te vas?

-¿Por qué me sigues?

No pudo responder la pregunta, pero siguió caminando tras de ella –Me llamo Irma .

La chica se giró, la comenzó a mirar, pero no con una mirada simple, era un escrudiño, una mirada profunda

-Tengo veinte.

-Acabo de cumplir quince.

-Estoy por cumplir veintiuno.

-Hago cupcakes ¿Qué sabor te gusta?

-La vainilla.

Se acercó, Irma se alejó, pues la chica rompió la barrera de distancia bien vista en la sociedad.

-Me llamo Carina.

-Mucho gusto.

-Ya no me sigas.

Citlally Villarejo

 

Anuncios