No tengo tiempo

 

Pese a todos sus esfuerzos Carina no podía sacarse de la mente el cuerpo de Irma, su sueño se tornó de repetir la realidad a un cuadro erótico, que la hizo despertar sonriendo, aunque muy asustada, “es mayor de edad”, sólo rondaba eso mientras horneaba los pastelitos que debía vender ese día en la secundaria, juntaba dinero para poder irse a estudiar la preparatoria en la ciudad donde había visto a Irma.

Carina era una chica trabajadora, aunque tenía un secreto que la hacía sufrir, nadie notaba, ni sus hermanas ni sus padres, su constante distracción, venía de un familia muy católica donde la palabra sexo era tabú y ser lesbiana era igual a ser quemada en el infierno por toda la eternidad. Poco importaba cuando se encerraba en el baño a imaginar la pasión desbordada por cada compañera que le gustaba, pero ahora sólo tenía a Irma en sus pensamientos.

Con las manos con un par de ampollas iba ofreciendo pasteles por toda la secundaria, esperando juntar lo suficiente para poder moverse el fin de semana a la ciudad para buscar a la chica que le robaba todos sus suspiros, sin importar que “mayor de edad” sea su segundo nombre.

Por su parte Irma no podía estar menos preocupada por la chica que vio el fin de semana, si bien no le incomodó hablar con ella, había algo en su modo de mirar que no le agradó del todo, pero parecía interesante, “no hay demasiadas adolescentes en esos eventos hoy en día, tal vez sea la abanderada de la secundaria, tal vez quiera ser actriz, tal vez quiera ser guionista” pensaba mientras esperaba que la cera se terminará de derretir.

Hace poco que ella se había titulado como diseñadora, tenía uno que otro trabajo, aunque tampoco lo necesitaba tanto, su padre al fallecer le había dejado una buena herencia, y ella poco a poco planeaba su negocio de velas, vivir de su pasión no sonaba nada mal.

Aunque huérfana de padre, siempre tuvo una buena relación con sus abuelos, con el nuevo esposo de su madre, con su medio hermano, y básicamente ha tenido siempre una vida tranquila, sin mayores sobresaltos que un par de accidentes. Atea, con parte de familia cristiana, jamás le fue educada con miedo, ni con tabús ni con cadenas de ningún tipo. Hubo un tiempo donde la patineta dominaba su mundo, mal vista por muchos de sus vecinos “se junta con puro hombre, o es puta o es marimacha”, pero el apoyo de su familia no le permitió sentirse afectada por las palabras que a sus espaldas susurraban.

Sin temor, sin ninguna prohibición, pero aún así virgen, recordaba a compañeras de universidad embarazadas, comprometidas e incluso a la feliz pareja que eran sus dos mejores amigos, Juan y Paco, quienes siempre la intentaban sacar de un closet donde ella no estaba metida “no es que no me guste nadie, ustedes son guapísimos, cualquier hombre envidiaría saber que se quedan a dormir en la misma cama conmigo, pero, simplemente, no me interesa, no quiero tener novio, no quiero tener novia, encuentro que la gente es guapa, pero, no me interesa” reía cuando le decían que había nacido con alma de monja en un cuerpo ateo, en realidad, a ella le era indiferente todo el tema romántico, su música favorita era el metal, sus películas preferidas eran las de acción, sus libros consentidos los de gangster y terror, en su vida, simplemente, no había espacio para una pareja.

Azulejo

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