Sobre la Atracción sensual: Sí, a veces la gente “sólo quiere acurrucarse”

Por Michael Paramo, publicado el 19 de agosto de 2018 en

Desamarrar el listón que contiene mis propias atracciones y deseos íntimos es una tarea intimidante. Articular mi identidad como un arro-ace (bajas o nulas atracciones sexual y romántica) viene con la asunción silenciosa de que soy incapaz de experimentar atracción y estoy desprovisto de todo deseo de intimidad. El modo en que el prefijo de estos términos determina la interpretación de la identidad, a-sexual (socialmente malentendido como el ser literalmente “sin sexo”) y a-rromántico (socialmente malentendido como el ser literalmente “sin romance”), refuerza la idea de que la gente ace, arro y arro-ace carece de la habilidad de involucrarse en cualquier conducta o experiencia relacionada con el sexo y el romance. Puesto que el sexo y el romance son percibidos como los constituyentes integrales de lo que significa experimentar atracción e intimidad, la asunción de que la gente ace, arro y arro-ace no puede experimentar tales formas de conexión está implícita. Incluso para aquéllos de nosotros que no nos identificamos en el espectro ace o arro, la atracción y la intimidad son posibles y existen sin la presencia del sexo o el romance. Enfatizar esto es comenzar a desenterrar las complejidades internas y externas de la atracción, la intimidad y el deseo, y el modo en que pueden funcionar distinto de como previamente eran imaginadas por la sociedad. Personalmente, aun cuando carezco de atracciones sexual y romántica, aún obtengo placer y anhelo la intimidad con otros, como resultado de la forma en que experimento la atracción sensual. La atracción sensual es la atracción predicada sobre una propensión o pasión íntima para relacionarse con otra u otras personas de una manera que pudiera describirse como física, táctil o que se intersecta con uno o todos los sentidos. La atracción sensual puede incluir el deseo de abrazar, besar, acurrucarse, tomar la mano del otro, y simultáneamente existe sin un deseo de actividad sexual o involucramiento romántico. La atracción sensual es una de muchas otras formas de atracción que pueden existir aparte de la sexual y la romántica, tales como la emocional, estética y platónica.

El placer que uno puede recibir de participar o imaginarse escenarios sensuales puede conducir a excitación sexual y/o ser satisfecho vía estimulación sexual personal, pero también puede existir sin atracción sexual alguna hacia el objeto de dicho deseo. Por ejemplo, la intimidad que yo anhelo no es el deseo de realizar actos sexuales con la persona que me atrae, sino relacionarme con ella en una dinámica sensual que incluye tacto, sonido e incluso la visión de lo que encuentro placentero de presenciar. El placer que puedo ganar de una experiencia enteramente no sexual, pero profundamente sensual, es gratificante en sí mismo, especialmente siendo alguien que nunca se ve a sí mismo ansiando actividad sexual. En tanto que la sociedad parece comprender a la sensualidad como algo profundamente vinculado a la sexualidad, la atracción sensual y la intimidad no tienen que estar relacionadas con el sexo, el deseo sexual o la atracción sexual hacia otros. Sí, de verdad a veces la gente “sólo quiere acurrucarse” (o hacer cualquier otra cosa no sexual, de hecho). Y a veces, eso es todo lo que a algunos de nosotros nos gustaría hacer. Sin embargo, incluso al evocar brevemente este coloquialismo, hay que reconocer que la popular frase orientada a las relaciones de “solamente quiero que nos acurruquemos2” sigue manteniendo una inminente asunción sexual que muy seguido viene al expresar cualquier forma de deseo por atracción e intimidad, discretamente colocado detrás del velo del “solamente”. Su uso aquí implica que el emisor de este mensaje actualmente no quiere llegar más lejos que acurrucarse, dado que “sólo quiere acurrucarse”. Esto posiciona al sexo como el más lejos asumido o implícito al que uno puede íntimamente llegar. Este lenguaje codifica a la intimidad sensual, que en este caso es estar físicamente cerca de otra persona al acurrucarse, ya sea como un paso para obtener sexo o una expresión que no existe tan lejos como el sexo en sí. Así, lo sensual se posiciona debajo de lo sexual en la jerarquía de cómo los humanos podemos expresar intimidad y atracción.

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La razón de esta estratificación del valor entre diversas formas de atracción puede atribuirse al entendimiento generalizado de la “atracción” en sí misma como un asunto netamente sexual, y frecuentemente uno romántico. Vivimos en una sociedad en la que el sexo y las ideas de lo que constituye a las muestras románticas han sido marcados como las más significativas o “profundas” formas de expresar atracción y ser apasionadamente íntimo de alguien más. Otras formas de expresar atracción humana e intimidad más allá del sexo, tales como la sensualidad, a menudo están ya marcadas socialmente como precursores del sexo, o bien, como subordinadas a una esperable y “más profunda” presencia de atracción o deseo de obtener sexo. Esto es como decir que si uno ha de comunicar su interés romántico o sensual hacia otro ser humano, por ejemplo,
automáticamente se asume que su deseo sexual también existe, sea en efecto así o no.

Expresar la propia atracción sensual hacia otra persona automáticamente acarrea una asunción sexual de que, abierta o discretamente, se desea llegar más lejos. Esto es porque en el paradigma de la atracción, el sexo se reconoce como dominante ― posicionado en el ápice de cómo los humanos podemos más apasionada y significativamente articular la atracción e intimidad. Si primero no se comprende la atracción como [conformada por]
múltiples capas, en donde las formas de atracción pueden existir independientemente una de otra, la intimidad sensual es incapaz de desligarse de las expectativas sexuales. Cuando la sensualidad se relega a la sombra de la sexualidad, cada toque, mirada, sabor, olor y sonido queda embebido con un significado sexual asumido. La atracción sensual y la intimidad pueden ser profundamente emocionales, apasionadas y/o involucrar dinámicas de poder y juego, como es en el caso de las diversas subculturas bajo la sombrilla del morbo o el BDSM, sin que el sexo o el romance estén nunca presentes.

La ganancia de gratificación sensual o el excitarse por otro ser humano a través de experiencias sensoriales de atracción e intimidad puede ocurrir independientemente del sexo. Esto no significa que siempre es o será así. En realidad, muchos humanos disfrutan la intimidad sensual como un precursor para el sexo o como una manera de dar mayor significado a sus relaciones sexuales, lo cual está bien. No obstante, en tanto que el sexo puede poseer un significado para muchos de nosotros, clasificarlo como la más significativa, apasionada o suprema forma de atracción, intimidad o incluso amor que un humano puede expresarle a otro, allana las maneras en que los humanos podemos expresar estas formas de conexión. Es importante reconocer cómo la sensualidad puede funcionar separadamente del sexo, especialmente para aquéllos de nosotros que no deseamos sexo, que carecemos de atracción sexual, sentimos repulsión al sexo, o simplemente nos gustaría experimentar gratificación sensual sin una asunción sexual o la exigencia por parte de la sociedad, grupos de amistades o potenciales parejas.


1 cuddle en el texto original. Término de difícil traducción, pero involucra un prolongado contacto íntimo, mas
no sexual, por lo general en posición recostada y abrazándose. En español mexicano podría traducirse como
apapacharse.

2 ‘I just want to cuddle’ en el texto original.
Traducción de: Erik O. Mata Guel

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