El Manual del Asexual 2ª Parte: La Experiencia de un Ace con la Identidad

Por Traffy, publicado el 6 de agosto de 2018 en:

Formar una identidad es un esfuerzo de toda la vida. Involucra el arte de llegar a ser y reclamar algo como propio, lo cual es bastante hermoso en contraste con los temas de conformidad y (lo que yo considero) la “mentalidad de colmena” de la sociedad. Una identidad, sin importar cuál aspecto eso pueda clasificar para ti, se usa para desarrollar una definición de sí mismo – algo que uno puede reclamar como el título para su alma. El tema de la búsqueda de identidad es significativo cuando se coloca en el estudio de la orientación sexual. Para un grupo de personas que han sido forzadas a guardar silencio por tanto tiempo, poseer esa idea de uno mismo se vuelve una oportunidad de tentar un sentido de pertenencia. Como lo mencioné en mi publicación previa (ver 1ª parte) en el manual, las etiquetas pueden no ser siempre una idea estelar por implementar, debido a algunas imprecisiones; sin embargo, para una buena porción de la comunidad LGBT+, estos títulos se vuelven nuestra aproximación para crear una imagen personal. “Independientemente de las preferencias, cada uno de nosotros tiene una historia  detrás de su respectivo viaje – nuestra “apertura de la caja de Pandora” colectiva que efectivamente determina la orientación sexual”.

Para algunas personas, asentarse en su orientación de elección resulta fácil. Se dan cuenta de su preferencia durante la juventud y crecen con ella conforme se transforman en adultos. Pueden desarrollar más o alterar esas elecciones a través de un mayor aprendizaje de sí mismos. Para otros, en cambio, toma tiempo. Uno puede no darse cuenta exactamente de quién es o cómo se siente, hasta que un día, simplemente… ¡les cae de sorpresa! En mi revelación personal, pasaron varios años hasta que fui capaz de florecer en mi identidad. Sorprendentemente, nunca pensé mucho en mi abrumadora falta de interés sexual a lo largo de mi adolescencia. Lo que sí recuerdo es haber tenido 17 años cuando mis verdaderos colores empezaron a asomarse – se manifestó en la cuenta de que no era tan heterosexual como originalmente me creía. La chica que me hizo darme cuenta fue alguien que no permaneció en mi vida por mucho tiempo, pero su influencia dio comienzo a mi arduo proceso de cuestionamiento de quién era (si bien todavía no me consideraba asexual, los aprendizajes iniciales en esa dirección estaban muy presentes, y eso fue un factor que contribuyó a mi confusión).

A los 18, portaba el título de “bisexual” – amar a ambos géneros por igual. Mis primeros cuatro años de universidad ayudaron a hacer mis esfuerzos por aprender acerca de mi  identidad más fáciles de lo que habría sido, mientras me mantenía escondido dentro del clóset en casa. Me hallaba con más libertades que originalmente, y con esta recién encontrada libertad, me aventuré a buscar más información. Hacerme miembro de la Alianza Gays-Heteros1 durante mi año de graduación fue un punto de inflexión significativo para mí, pues me volví parte de la comunidad. Finalmente sentía que tenía un lugar al cual pertenecer.

“Los años que siguieron, no obstante, estuvieron llenos de un duelo y tormento personales mientras continuaba persiguiendo algo que no se “sentía bien” del todo para mí”. Esto puede ser un concepto familiar para aquellos de nosotros que somos LGBT+. Si has estado allí antes, querido lector, ciertamente no estás solo. Muchos de nosotros con frecuencia luchamos con la incertidumbre cuando nos encaramos a nosotros mismos. Los sentimientos y los cuerpos pueden o no transformarse en algo diferente conforme dejamos la adolescencia y entramos en la adultez; para mí, ese fue claramente el caso. Mi deseo de buscar relaciones con hombres disminuía lentamente y, justo como mencioné antes, mi interés sexual era todavía prácticamente inexistente. Me enteré del espectro asexual a la edad de 21, y eso también fue algo con lo que hice malabares, a la par que con todo lo demás, para determinar si me ajustaba o no.

Todo llegó a un clímax cuando me descubrí ante mis padres a la edad de 22. Nunca tuve la oportunidad de explicarme ante la tormenta del ataque de angustia de mi madre. Esta experiencia fue a la vez un torbellino traumático y revelador que me dejó tanto paranoico como temporalmente desacoplado de la realidad que era mi orientación, pero por fortuna, mi papá fue mucho más razonable. Él y yo tuvimos una conversación de corazón a corazón acerca del tema de mi sexualidad tan pronto como supo. Ese apoyo por sí solo me ayudó a continuar mi búsqueda e, interesantemente, fue el primer paso en reconocer la validez de mi asexualidad.

¿Recuerdas cuando dije que las etiquetas pueden no ser 100% precisas? A lo largo de ocho años pasé por cinco orientaciones únicas antes de alcanzar mi destino final a los 25. Ahora me considero asexual homorromántico, lo que significa que aunque no poseo interés sexual, activamente busco relaciones románticas con aquellos de mi mismo género. Seré el primero en decir que esta orientación trae consigo una multitud de preguntas, como que “¿Qué significa en realidad la orientación romántica?” o “¿Puedes ser gay Y asexual al mismo tiempo?”, a veces incluso “¿Cómo puedes estar seguro de que te gusta un grupo específico si nunca has tenido sexo?”. Todos estos temas, entre otros, son algunos en los que ahondaré más mientras te me unes en mi aventura a través de la vida en el espectro ace.

En conclusión, una identidad tiene la capacidad de ser fluida. Esta fluidez es un proceso completamente normal de crecimiento personal y debería ser fomentado en lugar de combatido. Permítete la apertura en tu identidad; no trates de negar quien eres y no dejes que otros lo decidan por ti. Si lo que creías que encajaba en tu identidad de pronto cambia, permite que ocurra la metamorfosis. Eventualmente encontrarás el camino que te mejor ajuste, no importa cuánto tiempo tome el viaje hacia él.

Lo más importante, no tengas miedo de las etiquetas y de cambiarlas para que te ajusten. Ellas también vienen y van con el tiempo. Sólo recuerda que no importa cómo elijas amar, ¡sigue amándote a ti mismo y a todos tus hermosos colores!


1 Gay-Straight Alliance.

Traducción de: Erik O. Mata Guel