Asexualidad vs. Celibato, ¿Cuál es la diferencia?

Recientemente ha habido gente que me pregunta por qué “elijo” no tener sexo luego de descubrir que soy asexual. Hay varias cosas mal en esta pregunta. La asexualidad no es lo mismo que el celibato. Ahora es entendible por qué alguien que no es asexual se sentiría confundido por esto – vivimos en una sociedad obsesionada con el sexo después de todo, con poca o ninguna representación o información de lo que significa ser asexual. Me gustaría aclarar algunas de estas concepciones erróneas que uno pudiera tener sobre las diferencias entre las dos.

Lo primero y más importante, la asexualidad no es una elección. Es una orientación sexual (o quizá, la falta de ella, dependiendo de cómo lo veas). Al igual que la hetero- u homo- (o bi-, o pan-, etc.) sexualidad, no es algo que se pueda controlar. Hacia quién una persona se siente o no atraída no puede decidirse chasqueando los dedos.

El celibato, sin embargo, es una elección. Es una decisión de estilo de vida basada generalmente en los valores religiosos o morales propios, aunque pueda tomarse por otras razones personales. Alguien que ha elegido el celibato ha decidido renunciar a las relaciones sexuales, independientemente de quién les atraiga. Su elección implica que, sin importar qué tanto se sientan tentados a tener sexo con cierto individuo, no tienen permitido hacerlo. Justo ahí está la diferencia integral: un asexual, aun cuando por lo general nadie le atraiga sexualmente, puede estar dispuesto y ser capaz de tener sexo si así lo elige.

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Una (muy básica) definición de asexualidad es alguien que no siente atracción sexual hacia ninguna persona dada. La asexualidad es, desde luego, un espectro que abarca a muchas personas cuyas sexualidades tienen definiciones variadas, pero la que enuncié es las más general.

En ningún lado de la definición de arriba dice que un asexual no pueda tener sexo. Hay muchas razones por las que podrían tener sexo (por complacer a su pareja, porque se siente bien para ellos, por aburrimiento, entre otros), pero ello no invalida su asexualidad. Si un célibe llegase a tener sexo, eso rompería su celibato.

Es interesante hacer notar una semejanza – tanto un célibe como un asexual pueden serlo aun si han tenido sexo en el pasado (siempre que el célibe lo haya hecho antes de su voto de celibato). Sin embargo, solo un asexual seguiría siendo asexual si escoge tener sexo más adelante.

Entonces: un asexual puede escoger ser célibe, pero alguien que practica el celibato no puede elegir ser asexual.

Con todo esto dicho, para cualquiera que me diga (y esta es una cita directa, por cierto) “Quisiera poder elegir ser asexual como tú, eso haría mi vida mi vida mucho más fácil”; yo no elegí ser asexual, y realmente no hace mi vida nada más fácil (las razones de ello en otro artículo). No obstante, si en su lugar pretendías usar la palabra “célibe”, te tengo muy buenas noticias. Tú puedes elegir no tener sexo, ¡no te preocupes por ello!

Por Amber Brevig, publicado el 28 de marzo de 2017

Traducción de Erik O. Mata Guel

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