Salir del clóset, por segunda vez

Todavía recuerdo lo complicado y lo confuso de la primera vez que salí del Clóset. Todos sabemos qué significa salir, todos salimos a diferentes edades en diferentes circunstancias. Hablo por mí, de mi experiencia (y tal vez la de muchos). Rondaba mis 15 años, había pasado completamente solo por todas esas etapas como la negación, la depresión, el miedo… ¿Les suena familiar?

Todos saben qué sucedió después: Confrontación, aceptarlo uno mismo, se lo confías a una persona especial, lo saben más personas, pierdes amigos, sufres rechazo de personas que no te importan y de personas que sí. Pero al paso del tiempo comprendiste que, como la adolescencia, salir del clóset sólo es un proceso. Para todos éste proceso es diferente, puede ser un episodio tan lamentable y doloroso, una historia igualmente dolorosa pero especial ¿Leyeron al chico de las estrellas? (Lo adoro). Incluso para algunas personas salir del clóset es un proceso muy rápido y acompañado de mucha aceptación y apoyo de su familia y amigos. Hay quienes viven fuera del clóset y no lo saben y quienes deciden vivir dentro toda su vida. En fin. Afortunadamente tarde que temprano llegas a un punto estable en el que las personas más importantes se quedaron en tu vida, te enamoraste y desenamoraste, entendiste de qué van las relaciones, pero ahí estás. Sigues tratando de hacer una vida y seguir participando en éste juego del amor hasta que… Te das cuenta que tienes que salir del Clóset otra vez.

Te voy a contar más de mí

Hasta hace dos años creí que era Gay, Homosexual, un hombre al que le gustaban otros hombres y no las mujeres. Una persona muy común y ordinaria, una persona Gay común y ordinaria mejor dicho, con una familia ordinaria, con mejores amigos (pocos de ellos), con trabajo, cursando una carrera en la Universidad y proyectos en mente. Cuando tenía 16 años tuve a mi primer novio, antes salí con dos chicas pero no era yo, era mi negación tratando de convencerme. Con aquellas dos chicas no tuve relaciones sexuales, no me llamaba la atención, ni siquiera hubo de aquellas sesiones de besos intensos con toqueteos propios de los adolescentes. Con mi primer novio, aunque tampoco hubo relaciones sexuales como tal, sí tuve oportunidad de hacer como el Papalote Museo del Niño (Tocas, juegas y aprendes).

Fue con éste primer novio que me acepté realmente como Gay, porque me gustaba estar con él (un hombre) aunque se supone que ya había salido del Clóset. Tampoco pretendo detallar al 100% mi vida amorosa, no es que sea muy amplia, pero tuve otros tres novios. Es cierto que en los inter llegué a salir con otros chicos, pero nada serio ni duradero, nada demasiado intenso ni íntimo y nada de qué arrepentirme. En resumen, hasta hace dos años cuando me creía Gay, a 12 años de mi primer novio y 12 años de experiencias tratando de saber de qué van las relaciones supe que no era Gay del todo.

Conocí a mi última pareja cuando tenía 25 años, en un momento difícil. No tenía mucho que había terminado una relación de poco más de un año con mi anterior novio, una relación bastante tóxica y codependiente por cierto. Cuando lo conocí supe que no era como todas las demás personas que había conocido o con las que había salido antes. Yo pasaba entonces un episodio de depresión, problemas económicos (no tenía trabajo) y de salud (nada serio). Lo serio fue cuando a los 6 meses de salir con él, mi última pareja, supe que mi anterior novio me había infectado HIV. Fue entonces cuando retomé terapias con el psicólogo. Pero me ayudó bastante el hacerme consciente y responsable de mí mismo y tener el apoyo de él, mi última pareja.

Él siguió conmigo los siguientes tres años. Me ha apoyado en todos los sentidos posibles no sólo con el tema del HIV que lo tengo bajo control. Incluso me apoyó para que yo pudiera regresar a la escuela que abandoné a mis 20 años cuando murió mi papá. Por circunstancias que no acababa de comprender, no seguimos siendo pareja, pero él sigue en mi vida y me sigue apoyando incondicionalmente. Ojalá todos los que me leen tuvieran a alguien como Él en sus vidas. Se lo he dicho, de alguna manera salvó mi vida, y no sería quién soy hoy si no hubiera estado en ella. Él opina que seguramente hubiera salido adelante con lo del HIV y con la escuela aunque no hubiese estado. Dice que me admira. Y yo les digo a ustedes que me leen que la admiración (y el cariño) es mutuo. Pero no me engañaré ni a ustedes que me leen. Yo estoy (sigo) enamorado de él.

Es por eso que retomé mis terapias con el psicólogo. No estoy traumado, no estoy deprimido. Es tan buena mi experiencia de haberlo conocido que sólo quería saber más sobre mí y quería entender por qué no pudimos ser. Entonces descubro que hay más orientaciones sexuales y no soy Gay. Que no sólo hay Heterosexuales y Homosexuales y que el LGBT tiene también muchas más letras.

Soy Asexual

En terapia hice un recuento más a detalle de mi vida amorosa, de mis experiencias. Siempre hubo algo presente que no notaba con claridad: nunca me llamó la atención mantener relaciones sexuales con mis novios. Es cierto que tengo una preferencia hacia las personas del mismo género que yo, pero no es sexual. Lo había notado, pero no sabía que se considera una orientación sexual. También es cierto que aunque nadie me obligó a hacer nada nunca, yo mismo me obligué, porque disfrutaba de la compañía, de la persona y espero no ser vulgar, el no tener la atracción sexual no significaba que no pudiera involucrarme sexualmente, tener erecciones u orgasmos. Siempre me dejé llevar por el momento y era yo un participativo más que proponedor o propiciador de algún encuentro.

Antes de mis últimas dos parejas creí que si no era yo quien propiciaba algún encuentro, era tal vez por la moralidad, por los valores con los que me educaron, por penoso e incluso por pendejo. Tal vez por eso me obligaba un poco. Me decía: ¿Por qué no he de querer tener sexo?

Ahora entiendo también un poco más de aquella relación que duró un poco más de un año, la relación tóxica y codependiente. Fue un novio que al poco tiempo de que anduviéramos, se auto invitaba cada vez más seguido a quedarse en mi departamento, pero como yo lo quería ¿Cómo le iba a decir que no? Si me gustaba su compañía. Lo tóxico de la relación fue cuando me di cuenta de que no estaba de visita en mi departamento, sino que a veces se iba de visita a su casa. Eso no era un problema, sino que a la hora de vivir juntos, yo no deseaba tener relaciones sexuales a diario o seguido, para mí había más que sexo, como el convivir, el simple hecho de dormir abrazados, hacer comida y comer juntos, compartir cómo fue nuestro día, etc. No pasó demasiado tiempo cuando sutilmente lo reclamó, pero yo no le di importancia. Creí que bastaba el cariño y la promesa para saber que él no se acostaría con más personas, en mi propio departamento, en mi propia cama, mientras yo me iba a trabajar. Ya saben qué consecuencia hubo; me infecto con HIV. Pero fue tan tóxico y codependiente el asunto, que después de saber que me había sido infiel y confrontarlo, yo seguí con él. Hasta que una sola vez, al final de la historia, intentó tener sexo conmigo aunque yo no quería y lo dije. No lo logró y fue cuando entendí que no podía seguir con él, me lastimó que se haya acostado con alguien más, pero el violentarme e intentar forzarme definitivamente me hirió más.

Después lo conocí a Él, mi última pareja, la que de alguna manera me salvó la vida. Nunca lo comentamos, pero talvez eso fue lo que hizo que no siguiéramos. Con él yo estuve siempre por voluntad, porque lo amaba (amo), porque es lo mejor que me ha pasado. De verdad disfruté cada vez que hicimos el amor, y no fueron tantas en tres años como pensarían los que me leen. Lo disfruté porque era él, porque no todo se trata de penetración y orgasmos sino de intimidad, sentirse cómodo con uno mismo mientras está expuesto en presencia de otro. Para mí no era el sexo, sino estar más conectado emocionalmente. Pero tal vez en algún momento en esos tres años notó que no lo buscaba en ese aspecto. Y no se lo reclamo, si él no es asexual y necesitaba que esa atracción sexual fuera mutua ya entiendo por qué no es mi pareja hoy. Y por el tipo de persona que es nunca me lo reclamó, pero tal vez notó mi distancia sexual, incluso yo estando expuesto demostré falta de interés o mi cuerpo mostró rechazo sin darme cuenta. Espero no haberlo lastimado porque lo amo. También puede que no esté conmigo por mi persona y no por mi orientación sexual que es la Asexualidad.

De eso he hablado estos últimos dos años con mi psicólogo entre otras cosas. Resulta que la Asexualidad existe y es tan variada como las mismas personas. Específicamente soy Asexual Homorromántico. Como la mayoría nunca me gustaron las etiquetas, pero si quieres entenderte a ti mismo y tienes la esperanza de que alguien más te entienda y/o encontrar pares, es importante saber exactamente quién y cómo eres. Pienso que también es importante para erradicar la discriminación y el prejuicio social. Hay que llamar las cosas por lo que son para que no falte la información y no se convierta en un tema tabú. Aunque no nos gusten las etiquetas.

Así es. Estoy saliendo del Clóset…por segunda vez. Soy Asexual del tipo Homorromántico. No siento atracción sexual por otro ser humano. Pero me puedo conectar emocionalmente (enamorarme) de otra persona.

Como cuando tenía 16 años, hoy a mis casi 30 años tengo un poco de miedo. Y ésta vez no es por mí, ni por mis cercanos. Es porque aún queda camino por conocer. Porque en éste punto de mi vida sé que no quiero estar solo, anhelo tener una pareja que me ame y tal vez familia propia. Porque sigo enamorado de una persona maravillosa que sigue en mi vida pendiente de mí, pero hay algo que talvez no pueda darle y no espero que él ceda o se reprima por mí. Yo pudiese seguir participando para complacer a mi pareja, pero en el fondo sé que no es mi naturaleza. Habrá quienes se horroricen de que siquiera lo piense: el ceder y hacer algo que no soy yo. Pero al fin y al cabo de eso van las relaciones, de hacer lo posible para ser feliz con tu pareja hasta lo permisible de tus límites, sin perder tampoco el amor propio.

Necesitaba verbalizar lo que amablemente has leído sobre mí. No lo escribo con el propósito de empatar con alguien, sino de que lleguen mis palabras por lo menos a una persona que necesite saber que si se siente diferente en el mal sentido, no es el fin del mundo, porque ser diferente es ser especial. Y ser especial está bien.

 Un chico Especial

 

 

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