Aceptarse es a veces un complejo viaje

Aceptarse es a veces un complejo viaje lleno de vicisitudes.

Mi punto de partida fue más bien sobrio, sin brújula ni mapa, cargado con el peso de sentirme ajeno; amar si, desde luego, a las mujeres de mi vida. Mi primer amor y mi primer beso y el dolor de la ruptura, que después de un tanto se aprende a lidiar con ello, amé y amo.

Siempre ajeno a las costumbres y usos, recuerdo esas charlas con mis amigos varones en mi adolescencia, siempre centradas en lo mismo, en ellas. No es que no me gusten, eso siempre ha estado claro, me gusta su belleza, aunque de una manera más compleja: puedo reconocer que una mujer es bella, pero solo me cautiva si además hay una personalidad que la sustenta.

Sin estereotipos, no me importa que sean rubias o morenas, delgadas u obesas, la belleza de una mujer con personalidad es sublime.

Mi romanticismo es dialéctico: me apasiona el pensamiento, trampa un poco cruel para alguien que como yo juega con las emociones a través de la música.

No se que es ese impulso del que algunos no pueden reprimirse, no se que es la exitación sexual, desde siempre he sabido que algo en mi no encaja en el modelo social establecido.

Mi fracaso es rotundo, un matrimonio de once años el último de ellos. Durante muchos años he intentado ejercer de varón, forzándome a hacer algo que no me gusta, nunca me ha gustado, las relaciones sexuales para mi son un tormento, lo odio por completo, me parece algo tan engorroso y primitivo, tan ajeno a mi como yo a ello.

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¡Ojalá la vida viniera con un manual de referencia! tantos años insistiendo en encajar, no ya no, soy como soy, quienes me quieran tendrán que aceptar que soy así y punto.

Soy asexual por que si, no hay una razón o motivo, no soy célibe, ni nada o nadie me obliga a ello, simplemente soy así, no me gusta el sexo, tampoco tengo ningún problema físico; he cumplido cuando me he visto obligado a cumplir por que supuestamente era lo correcto, pero que me perdonen todos los machos alfa de nuestra especie, sigo sin entender que les resulta tan placentero en ello, es una sensación tan grata como rascarse la planta del pie después de quitarse la zapatilla de deporte un día de verano de mucho calor.

Para mi el sexo está en el mismo nivel del que hablamos cuando preferimos no comer tomate o queso por que simplemente no nos gustan: a mi me gusta el tomate con aceite de oliva, sal y comino y no me gusta el sexo, así de simple.

Lo que realmente me produce un inconmensurable placer es una charla con mis amigas, amigos o mi pareja, sobre filosofía, pedagogía, política, arte, cine o música, y que decir del placer de escuchar el segundo concierto para piano de Rachmaninov o las variaciones Goldberg de Bach. Ponedme a Liszt o Chopin, e incluso la ensalada de tomate antes que proponerme ir a la cama, a no ser que sea para dormir, cosa que también me gusta y mucho.

Autor: Igor (España)