Asexuales – Arrománticos. Nuestras experiencias

DEDICADO A LOS INCOMPRENDIDOS Y A QUIENES PUDIEREN ESCUCHAR SU VOZ

Asexuales – Arrománticos
Nuestras experiencias
Luda Merino
24/08/2019

El mundo ha demostrado su crueldad en repetidas ocasiones al negar la existencia de ciertas orientaciones. Comenzando por la homosexualidad y finalizando con la asexualidad, diversos colectivos se han alzado contra lo normativo para mostrarse tal y como son. Quedando aún una larga lucha por la visibilización, aquí serán expuestos las vivencias y experiencias de los asexuales – Arrománticos, uno de los tantos grupos que forman la extensa comunidad asexual.

Asexuales – Arrománticos. Nuestras experiencias

Índice

 

Capítulo I:  Introducción

Capítulo II: Luda Merino. Algo asumido desde siempre

Capítulo III: Michael Paramo, AVENITAS

Capítulo IV: AVENes 1. «No eres tú, son todos»

Capítulo V: Formar comunidades

Capítulo VI: Viviana G

Capítulo VII: Patricia, activista

Capítulo VIII: Descubrimiento de tu condición. Anónimo 1

Inciso I: Incomprensión, invisibilización y patologuización

Capítulo IX: AVENes 2: Arrobamiento

Capítulo X: «No me siento muy bien recordando y explicándolo». Anónimo 2

Inciso II: Cuando el mundo no sabe que existes

Inciso III: ¿Un problema a solucionar?

Capítulo XI: Aimara

Capítulo XII: «Soy asexual, no estoy enferma». Elsa Ortiz, artículo

Inciso IV: El Manifiesto Asexual. ¿Asexualidad y feminismo?

Capítulo XIII: Alosexuales, ¿Alguien nos comprende?

Nunca se termina de entender

Foro, extracto adaptado

Respeto ante todo

Capítulo XIV: WindlePons (Cuenta de Twitter)

Capítulo XV: Sin interés. Anónimo 3

Capítulo XVI: Iñaki

Capítulo XVII: Breve reflexión final

 

Capítulo I

 

Introducción

 

Cuando durante toda tu vida te niegan algo que proviene de lo más profundo de tu ser no eres capaz de comprender la crueldad, por qué incluso aquellos que dicen apreciarte, te cuestionan una y otra vez sobre algo que no has elegido, que simplemente forma parte de ti. Todas las diferencias marcan a las personas, pero aquello que en comunidad nos hace únicos también puede convertirse en nuestro tormento o desesperación, y todo causa de una sociedad, que proclamándose diversa, no asume tu condición y trata de imponerte lo aceptado. Y no es esa condición la que nos hunde, sino la incomprensión, la no aceptación y la imposición de lo tan aclamado normativo. Ser diferente hace que estés irremediablemente excluido, de ahí que debamos de unirnos para mostrarnos al mundo.

Ha costado sangre, sudor y lágrimas mostrar y normalizar orientaciones como la homosexualidad o bisexualidad, y aún a día de hoy numerosos países se niegan a aceptar a personas de dichos colectivos como a sus semejantes. Para esto estoy yo aquí, para mostrar diversas experiencias personales de gente con una misma condición: su orientación arromántica y asexual, para mostrar y visibilizar a gente como nosotros que nadie, incluso siendo de una comunidad reducida como lo es la asexual, está sólo. A continuación mostraré testimonios vividos, que recogen nuestras dudas, dificultades y valores vividas por personas arrománticas y asexuales con la intención de mostrar no sólo la existencia de este colectivo dentro de la comunidad, sino la existencia de más tipos de amor más allá del amor típicamente romántico que esta sociedad parece querernos hacer ver.

 

Capítulo II

Luda Merino. Algo asumido desde siempre

 

Comenzaré con mi propia experiencia: “Tengo 18 años y jamás he sentido nada relacionado al sexo. Nunca me he sentido atraída por nadie, jamás he tenido esa sensación típica en adolescentes de «me pone este o aquel», jamás he sentido amor romántico (lo que al parecer también tiene un nombre, ser arromántico) y no he tenido libido ni creo que vaya a tenerlo ya a estas alturas. Es decir, ningún tipo de necesidad sexual o romántica. Yo a esto si tuviera que ponerle un nombre, lo llamaría asexualidad pura1 (o así lo llamé los primeros meses), y es lo más extraño de mí, y lo que mayor complejo me ha hecho sentir en ciertos momentos de mi pubertad. Cuando a los 12-13 años todas las personas a tu alrededor empiezan a sentir ese cosquilleo, esas ganas de estar con otra persona y quererla en el sentido romántico o incluso tirársela, yo seguía como antes. Cuando a los 14-15 algunos/as ya tenían pareja yo seguía igual, y creí por mucho tiempo que era una cuestión de tiempo. Ya llegará, solía decir, y cuando a los 17 18 algunos ya tienen incluso relaciones más maduras y por supuesto ya han tenido relaciones sexuales de diversos tipos, a mí me seguía sin llegar.

A esa edad comprendí que quizá yo era diferente en ese aspecto y que quizá jamás llegaría y dejé de desesperarme, pero reconozco que la adolescencia fue, efectivamente, una dura etapa en este ámbito, sobre todo cuando tus compañeros te tratan como el bicho raro por ello. «Eso no existe», «¿Cómo no va a gustarte nadie?», «Eso es de personas raras, a todas las personas les gusta alguien», y varios comentarios más que podría estar diciendo y daría para largo o incluso cierto tipo de comentarios que demuestran nula empatía y madurez, como el ya clásico “Eres asexual porque no has probado un buen rabo”. No era un problema mío, ahora lo sé, pero realmente estas actitudes me hicieron plantearme si yo era diferente, rara, como ellos decían, todo por unos cuantos chavales con nula empatía y ganas de dar leña al fuego.

A los 17 me cambié de instituto y por fin di con personas comprensivas. Me comentaron que había más gente como yo, que mi condición no era única y eso en su momento me produjo una calma como nunca antes. No se trataba de si eras de un u otro colectivo, de ponerle nombre o bandera a un movimiento, se trataba de saber que no era rara por ser así. No me gusta nadie, no necesito nada de ámbito sexual, ¿Y? Si me llega bien, y si no, pues también. Es mi modo de ser, no va a cambiar porque otros digan que «ser asexual no existe», no por ello van a conseguir que de repente necesite follar, perdonen la expresión. Pude responder a esa vaga afirmación repetida por toda persona a mi alrededor de ‘Tranquila, ya te llegará’, con un ‘Pues no me llega, y estoy bien. Y si no me llega, lo seguiré estando. Y si me llega algún día querré disfrutarlo como nunca’.

De joven esa tan repetida expresión servía para calmarme. Al ser lo considerado óptimo en esta sociedad incluso yo misma daba por sentado que me debía de llegar y esa frase venía a decir que acabaría por ser normal. En la actualidad el hecho de que alguien repita esa frase no me calma, sino más bien produce el efecto contrario. No me ha llegado y quizá nunca lo haga, y repetir lo mismo una y otra vez sólo muestra un cuestionamiento constante que llega a ser insoportable. ¿Acaso si nunca ‘me llega’ va a ser malo? Se trata de inclusión, de aceptación. Sí, los asexuales nunca han sido visibilizados, ni para bien ni para mal, nunca han sabido que estábamos ahí, tampoco nunca han sido perseguidos como sí lo han sido homosexuales o transgénero, pero existimos, y sólo pedimos que cuando decimos cómo somos, no venga una persona que no nos conoce y nos diga cómo debemos de ser.

Desde que somos niños nos dicen tanto implícita como explícitamente que el culmen del ser humano es el amor romántico, y su mayor expresión, la práctica del sexo. Tanto nos lo dicen que hemos llegado a un punto donde ver a alguien a los escasos 12 años viviendo sus primeras experiencias sexuales es normal pero no así su opuesto. Basta alzarte y decir que no te pone nadie para tener a la sociedad entera prácticamente en tu contra. Hace escasos minutos hablé sobre la asexualidad, pero poco o nada me centré en el arromanticismo, el cual es definido como la ausencia de atracción romántica hacia otra persona. Si los asexuales ya se vienen quejando años de lo hipersexualizado que está el mundo, los arrománticos suelen quejarse de su equivalente con el amor romántico.

Un escaso 1% de la población mundial, estiman los estudios, es asexual, pero de este no tan pequeño colectivo (si tomamos en cuenta que vamos camino a las 8.000 millones de personas) tan sólo un 13% es también arromántico. Es decir, personas que no experimentan ningún tipo de atracción romántica ni sexual. Antes de continuar quiero recalcar el hecho de que aún está preocupantemente extendida la creencia de que dicha condición – la asexualidad principalmente – es causada por traumas o desequilibrios hormonales, algo contra lo que se lleva luchando en el colectivo3. Tampoco son personas que estén frustradas, esa carencia que tienen no les supone un impedimento, si bien sí lo hace la presión social externa. Los asexuales arrománticos somos personas normales que simplemente no sentimos amor romántico ni necesidad sexual, ni la necesitamos y por supuesto, no lo elegimos. No estamos esperando ‘al indicado’, ni a nadie, podemos apreciar el físico de alguien, aunque quizá más como si de una obra de arte se tratase, y claro que sentimos amor, otra clase de amor quizá infravalorado en esta sociedad que entiende el amor romántico como el ápice de la condición humana. No es que ‘hayamos madurado poco, como indican algunos que creen que simplemente no nos ha llegado aún (¡Hasta yo decía eso hace un año!) Sentimos amor hacia la familia, hacia los amigos y algunos tenemos a gente increíblemente cercana. Gente con la que te relacionas más a modo de hermanos que de una pareja convencional.

En la comunidad he escuchado varios nombres: ‘Squish’, que vendría a ser como el típico ‘Crush’ pero visto desde la relación mencionada anteriormente o ‘arrobos’, puesto que el acto de estar de forma muy cercana o incluso achucharse se denomina ‘arrobarse’. Yo en lo personal tenía otro que inventé llamado Nguu, que sería lo señalado anteriormente, aunque el hecho de llamar a eso de una manera especial como indican algunos arrománticos asexuales, no ayuda a que la sociedad deje de percibirnos como a personas que han madurado poco. Se llama amistad, desde luego es una íntima amistad. Nos abrazamos, achuchamos, queremos y besamos, pero no desde un punto de vista sexual o romántico, y no por ello somos menos personas. Amamos y podemos valorar el físico de otra persona, pero no sentimos nada más allá.

Normalmente el hecho de que me pongan etiquetas me parece repulsivo, pero en el caso de mi condición me trajo más paz que otra cosa, era un modo de sentirme dentro de algo, de saber que había más personas como yo, de comprender una parte hasta entonces desconocida de mi modo de ser.”

 

Michael Paramo, AVENITAS

 

El extracto expuesto a continuación proviene de la página de AVENITAS, donde puedes encontrar el artículo original “Sobre la Atracción sensual: Sí, a veces la gente “sólo quiere acurrucarse” del mismo autor, el cual data de 2018. Asimismo un gran número de artículos han sido tomados – previo consentimiento – de la misma web para la realización de esta recopilación.

“[…] Articular mi identidad como un arro-ace4 (bajas o nulas atracciones sexual y romántica) viene con la asunción silenciosa de que soy incapaz de experimentar atracción y estoy desprovisto de todo deseo de intimidad. El modo en que el prefijo de estos términos determina la interpretación de la identidad, a-sexual (socialmente malentendido como el ser literalmente “sin sexo”) y a-rromántico (socialmente malentendido como el ser literalmente “sin romance”), refuerza la idea de que la gente ace, arro y arro-ace carece de la habilidad de involucrarse en cualquier conducta o experiencia relacionada con el sexo y el romance. Puesto que el sexo y el romance son percibidos como los constituyentes integrales de lo que significa experimentar atracción e intimidad, la asunción de que la gente ace, arro y arro-ace no puede experimentar tales formas de conexión está implícita. Incluso para aquéllos de nosotros que no nos identificamos en el espectro ace o arro, la atracción y la intimidad son posibles y existen sin la presencia del sexo o el romance. Enfatizar esto es comenzar a desenterrar las complejidades internas y externas de la atracción, la intimidad y el deseo, y el modo en que pueden funcionar distinto de como previamente eran imaginadas por la sociedad. Personalmente, aun cuando carezco de atracciones sexual y romántica, aún obtengo placer y anhelo la intimidad con otros, como resultado de la forma en que experimento la atracción sensual. La atracción sensual es la atracción predicada sobre una propensión o pasión íntima para relacionarse con otra u otras personas de una manera que pudiera describirse como física, táctil o que se intersecta con uno o todos los sentidos. La atracción sensual puede incluir el deseo de abrazar, besar, acurrucarse, tomar la mano del otro, y simultáneamente existe sin un deseo de actividad sexual o involucramiento romántico. La atracción sensual es una de muchas otras formas de atracción que pueden existir aparte de la sexual y la romántica, tales como la emocional, estética y platónica.

[…] El placer que puedo ganar de una experiencia enteramente no sexual, pero profundamente sensual, es gratificante en sí mismo, especialmente siendo alguien que nunca se ve a sí mismo ansiando actividad sexual. En tanto que la sociedad parece comprender a la sensualidad como algo profundamente vinculado a la sexualidad, la atracción sensual y la intimidad no tienen que estar relacionadas con el sexo, el deseo sexual o la atracción sexual hacia otros. Sí, de verdad a veces la gente “sólo quiere acurrucarse” (o hacer cualquier otra cosa no sexual, de hecho). Y a veces, eso es todo lo que a algunos de nosotros nos gustaría hacer. […] Expresar la propia atracción sensual hacia otra persona automáticamente acarrea una asunción sexual de que, abierta o discretamente, se desea llegar más lejos. Esto es porque en el paradigma de la atracción, el sexo se reconoce como dominante ― posicionado en el ápice de cómo los humanos podemos más apasionada y significativamente articular la atracción e intimidad. Si primero no se comprende la atracción como múltiples capas, en donde las formas de atracción pueden existir independientemente una de otra, la intimidad sensual es incapaz de desligarse de las expectativas sexuales. Cuando la sensualidad se relega a la sombra de la sexualidad, cada toque, mirada, sabor, olor y sonido queda embebido con un significado sexual asumido. La atracción sensual y la intimidad pueden ser profundamente emocionales, apasionadas y/o involucrar dinámicas de poder y juego. […]

Es importante reconocer cómo la sensualidad puede funcionar separadamente del sexo, especialmente para aquéllos de nosotros que no deseamos sexo, que carecemos de atracción sexual, sentimos repulsión al sexo, o simplemente nos gustaría experimentar gratificación sensual sin una asunción sexual o la exigencia por parte de la sociedad, grupos de amistades o potenciales parejas.”

 

Capítulo IV

AVENes 1. «No eres tú, son todos».

 

El escrito de ali23 puede ser encontrado en diversos blogs, aunque ha sido recopilado de AVENITAS, pues entre las diversas páginas de activismo son compartidas estas experiencias.

“No hay que tomarse el rechazo romántico de una asexual arromántica como algo personal. No eres tú, son todos.

La vida es bastante dura: catástrofes naturales, guerras, hambre. No sabemos cuánto tiempo durará nuestra existencia en este mundo, pero lo que sí sé es que si muero mañana podría decirse que pasé la mayor parte de mi vida confundida, confundida tratando de analizar quién soy, qué quiero, qué anhelo, cuál es mi condición sexual habiendo múltiples posibilidades. […] Cuando por fin me pongo una etiqueta, mi etiqueta de asexual, surgen preguntas, inquietudes resultantes de cuando converso con otros asexuales que me hacen cuestionarme de esta condición. Algunos me expresan que les da asco dar un beso, a mí asco no me da, solamente me parece sin sentido y, por ende, no lo busco. Algunas veces mi cuerpo responde a ciertos estímulos y no entiendo por qué mi cuerpo lo hace si mi cerebro no lo está identificando como placentero 5 .

Lo que sí es cierto es que cada persona experimenta su sexualidad, en nuestro caso asexualidad, de una manera diferente. No existe una lista de verificación de ítems que debas cumplir a cabalidad para que puedas pertenecer al selecto grupo de los Asexuales.

Me incomoda ser testigo de un mundo que no comprendo. No sé cómo si soy tan fría a las relaciones, si mi corazón es tan de piedra que no es capaz de enamorarse, puede llegar a sentir esos sentimientos tan feos, debo ser honesta conmigo misma: pretender que los demás vivan como asexuales para sentirme conforme en mi grupo de amigos, es como si ellos me exigieran experimentar el sexo para encajar.

Sólo no quiero cuestionarme de algo que me costó tanto encontrar, no es que el hecho de tener la etiqueta de asexual cambie mi situación, sólo que haber encontrado otras personas como yo, me hace sentir en familia, identificada y comprendida. Muchas veces prefiero entrar y charlar con los amigos asexuales virtuales, que con mis amigos en el mundo real.

Pienso que la condición de asexual no es algo que uno pueda ignorar, cada miembro de
asexuality.org, cada miembro de AVENes 6, está aquí porque tiene dudas, porque no es capaz de manejar la situación en la vida real, porque necesita consejos para sobrevivir en este mundo que nos hace sentir excluidos, diferentes. No nos digamos mentiras, ser Asexual es difícil, pero bueno, esto fue con lo que la genética nos dotó, a algunos les da malformaciones, susceptibilidad a enfermedades y a otros no nos dio interés por el sexo y/o por relaciones románticas.”

 

Capítulo V

Formar comunidades

 

“Hay muchos beneficios que se pueden aprovechar en una comunidad asexual. Algunos miembros quieren hablar con otros con experiencias parecidas, otros quieren explorar la diversidad de las experiencias dentro de la comunidad. Algunos quieren hablar de encontrar amor, otros disfrutan conversando sobre las amplias posibilidades de las relaciones asexuales. Algunas personas querrían aprender a sentirse más cómodos con su asexualidad, otros quieren celebrar lo que son. Algunos quieren mejorar las cosas para el futuros de los asexuales, otros quieren correr la voz de que la asexualidad existe y está bien ser así. Algunos asexuales quieren debatir la teoría de la asexualidad y la sexualidad, otros simplemente quieren contar chistes o compartir poemas e historias. Algunos desean expresar su sentir, otros, saber que su existencia en este mundo es común a otras personas en las que su sexualidad ha sido aceptada totalmente en su entorno.”

(Activismo asexual, Facebook)

 

Capítulo VI

Viviana G.

 

“Me dí cuenta de que estaba “fuera de sintonía” cuando por primera vez se me tiró un chico a los 11 años. Yo no podía entender por qué alguien podía gustar de una persona sin siquiera haber hablado con ella. Y mucho menos podía entender por qué mis compañeras insistían en que le diga que sí, no sabía de qué me estaban hablando, no comprendía cuál era el objetivo de estar de novio. Jamás antes había tenido en cuenta el hecho de estar de novia o casarme.

A los 15 ya decía que nadie me gustaba abiertamente, no me interesaban los noviazgos y nadie me despertaba interés ni amoroso ni sexual. Me interesaba estar con mi grupo de amigos, pero no tenía la mínima intención de otra cosa que no sea la amistad.

Mi primera pareja fue un gran amigo cuando tenía 18 años, tuve una relación sexo-afectiva durante dos años aproximadamente. Lo que me llevó a mantener relaciones sexuales fue, por un lado no perder su amistad, y por el otro lado el deseo de tener hijos. Si bien practicaba sexo, no tenía impulso sexual hacia él y tampoco me preocupaba no tenerlo. Ya separada, mis amigos solían tener relaciones sexo-afectivas habitualmente y yo era la única en el grupo que estaba sola en ese aspecto. Ahí fue cuando comenzó el “reclamo social”. A mis 20 empecé a padecer un fuerte mandato del cual yo quedaba fuera, y no sólo no tenía cabida sino que además sentía el peso de la demanda.

“No puede ser que nadie te guste, alguien te tiene que gustar”, “Todavía no conociste la persona indicada”, “Sos así porque te cogieron mal”, “Todavía no probaste la mía”, “Sos una lesbiana reprimida” eran las frases más comunes que recibía. Y por la falta de interés ante una insistente propuesta llegaba las frases de despecho como: “a vos no te cojo ni tapándote la cabeza con una almohada”, y recuerdo que una vez alguien me dijo “No te cojo aunque seas la única mujer en una isla”.

Este suplemento habla de coger 7. Las películas de amor, hablan de coger. Tus amigos y tus amigas, siempre, en algún momento y entre mate y mate, hablan de coger. Tus padres sueñan con que algún día te enamores y formes una familia, ergo, coger. Las publicidades te incitan a coger. A ser sexy para coger, lindo para coger, fresco para enamorarte y coger. Y vos que te pudrís de tanto amor y oxitocina ponés música para relajarte pero tampoco. El 90% de las canciones hablan del amor y, ¡sí! ¡Adivinaste! De coger.

Cuando alguien me invitaba a salir yo no sabía que tenía otras intenciones además de ir al cine, por ejemplo, porque esa intención no se me cruzaba por mi cabeza, entonces me ganaba el “sos una histérica” con bastante frecuencia. Esto hizo que empezara a limitar mis salidas, a crearme cierta desconfianza sobre las intenciones del otro hacia a mí y por ende a limitarme en mis amistades.”

(AVENITAS)

 

Capítulo VII

Patricia, activista

 

“Cómo es posible que entiendan amor sin atracción sexual y no entiendan amor sin atracción romántica.

El romance es una construcción social, una más de miles de construcciones que aprendemos y asimilamos, que incorporamos o que no. A mí el romance no me nace; pero otra cosa es que no ame ¿Quién no puede amar? Se ama muchas cosas, amigos, familia, mascotas, sabores, sueños, metas, se ama la vida, un trabajo, un recuerdo, se ama el tiempo, un buen libro, un encuentro, se ama una mirada, una risa ¿Alguien se puede escapar del amor? Yo no creo en esa gente que dice no poder amar; porque en el fondo aunque sea su soledad es amada por él, tanto que no la puede dejar.

Los arrománticos no se escapan del amor, muchos tienen pareja o quieren formar una por algún proyecto de familia o porque ve en el otro algo que los llena; tenemos que conformarlo con palabras inventadas porque todo es patrimonio es del romance. A mí lo romántico ni me roza; no llega a motivarme y tampoco puedo conectarme de esa forma con la otra persona.[…] Nosotros formamos lazos diferentes a los de ustedes; a mí me cuesta horrores formar uno. Para hacerlo necesito tiempo y mucho; no lo hago desde lo estético, sino desde lo afectivo. Pero no todos los arrománticos son como yo; variamos como la sociedad varia, cada uno es diferente como de seguro los románticos son diferentes y cada romántico amará a su manera y cada arromántico ama a su manera.

Algunos necesitarán pareja, otros no necesitamos pareja. Pero aquí estamos amando como ustedes. Quizás el amor no lo construimos de la misma manera, quizás tenga una tonalidad diferente. No tenemos las mismas necesidades del otro; yo por ejemplo no tengo la necesidad que el otro me corresponda y tampoco me obsesiona que no lo haga; en la Friendzone soy muy feliz ¿La conocen? Pues yo levanté bandera y ya soy la presidente; y no es miedo a no sentir como una vez me dijeron; es sentir diferente, es anclar de otra manera. Porque ya es hora de entender que no todos sentimos, ni vivimos igual. No somos piezas iguales. Somos seres humanos diversos y eso es hermoso.”

(AVENITAS)

 

Capítulo VIII

Descubrimiento de tu condición. Anónimo 1.

 

La siguiente experiencia fue recogida via E-Mail gracias a la colaboración de Patricia (Patriciagr), la activista del texto anterior. Asimismo, varias personas han preferido mantenerse en el anonimato a la hora de expresar sus vivencias.

«Tengo 22 años soy de Colombia, de pequeña no entendí ciertos comportamientos de personas adultas, desde los besos hasta las muestras de afecto repentinas, a medida que iba creciendo empecé a darme cuenta como las personas se involucraban entre ellas, ver a mis compañeras tener pareja era algo que no lo lograba entender, ese tratar de depender emocionalmente de alguien , de ser llamadas lindas o obtener regalos era algo incensario para mí.

Mi primer pico fue a los 14 años y para ser sincera me desagradó bastante, a los 16 di mi primer beso real, no fue nada especial. El chico iba de vez en cuando a mi casa, nos besábamos, no lo disfrutaba pero lo hacía porque en ese momento era “ normal que todas lo hiciéramos» . El tiempo avanzó, nadie me llamaba la atención, no tenía muchos amigos, pues hasta mi grado décimo estudie en un colegio femenino. Cuando me cambié de colegio a uno mixto todo fluyó bien, me llevaba mejor con las chicas y era un poco antipática con los muchachos. Al cumplir 19 años probé la marihuana, la fumaba de vez
en cuando con unos conocidos. Un día descubrí que mi vecino con el cual crecí toda mi vida y para ese entonces tenía 25 años también lo hacía. Decidimos ir a fumar juntos, eso fue un sábado, el domingo teníamos planes para ir a montar cicla así que me quedé en su casa con sus dos hermanas (con quien soy muy amiga ). Ese día estaba borracha y drogada y el chico abusó de mí. No puedo decir que fue fuerte porque simplemente al otro día no sentí nada, ni odio, ni asco, absolutamente nada, lo único que pensé fue:¿a esto le llaman sexo? Desde ahí traté de intentarlo con otra persona, quería entender por qué la gente lo ve tan especial y exquisito. Con los chicos con los que me acosté nunca formamos un vínculo pues lo único que yo buscaba era saber que es un orgasmo, solo eso, no quería ni un amigo con derecho y mucho menos una relación, solo iba a ser algo de una noche.

Al final cuando todo terminaba me sentía estúpida pues no disfrutaba del sexo y me sentía mal conmigo misma. Vale la pena resaltar que también besé algunas chicas, aunque estas nunca me llamaron la atención. Tenía que saber para qué lado se inclinaba la balanza de mi sexualidad, pues al nunca gustarme un chico, experimentar con una mujer no estaba de más y como todo, nada, besar un hombre, una mujer y una pared sabe a lo mismo y es igualmente incensario.

Ese mismo año 2017 empecé a investigar sobre la asexualidad y me di cuenta que cumplía con todos los requisitos, ¡Ja’! Ese año escribí en el grupo y ellos terminaron por confirmarlo, soy una arromántica. Vale la pena decir que desde los 19 hasta ahora no volví a tener relaciones sexuales.

Resolviendo tu otra pregunta 8 , vivir en la invisibilidad, es extraño pues la personas suelen decir: no ha llegado el indicado, no te das la oportunidad etc. Y me frustra, no sé qué tan difícil es entender que existe gente que no busca esa necesidad. Actualmente o te gusta una mujer o un hombre, pero ninguno no puede ser aceptado.

Salir del closet: después de descubrirlo hace más de 2 años nunca me atreví a decírselo a nadie, hasta hace 4 meses, el primero en saberlo fue Nixon, se podría decir que el único amigo real hombre que tengo, pues el resto son solo compañeros, personas con las que te saludas entre clases de la universidad y ya. Nixon es gay así que él lo tomó muy bien y entendió varias cosas acerca de mi comportamiento y apatía. Se lo conté a mi mamá pero al igual que todos solo cree que es por qué no ha llegado el indicado, mis compañeras de la Uni y algunos chicos lo saben pero no comentan nada al respecto.

Afectividad, arrobos, amistad: Nunca he sido una persona afectuosa, en mi familia los «te quiero» y las muestras de afecto directas no existen, así que me acostumbre a ser un poco seca con las personas. Últimamente mis conocidos tomaron la mala costumbre de llamarse entre ellos como bebé o amor, y es algo que les dejo muy en claro, solo llámenme por mi nombre, ese tipo de pequeñeces me molestan y ellos piensan que soy antipática o grosera. Otra cosa es que me da demasiado asco que me toquen la mano (desde pequeña me molesta), de la única persona que lo dejo hacer es de mi abuelita , y lo hacemos cuando tiene que pasar la calle o en situaciones parecidas. Hay algo que me está pasando últimamente pero ver el contacto físico desde abrazos, hasta besos me da bastante asco, antes simplemente me daba igual, pero ahora me disgusta demasiado y no sé el porqué. Para finalizar podría decir que el trato con las personas que me rodean es nulo, el afecto espontáneo o palabras como un te quiero o un te amo no fluyen, con decir que en todos estos años no se lo he dicho a mi familia ni una sola vez simplemente no me nace aunque sé que el afecto por ellos existe no sé si tan grande como el amor, pero sé que los quiero. Con mis amigos soy bastante apática, siento que son personas del momento y aunque me río y comparto algunos momentos con ellos no siento que tengan gran peso en mi vida. Salvando a dos personas, Nixon y Yuyi, siento que soy bastante falsa con el resto, pues aunque me agradan, me disgustan un poco en el fondo, sé que las relaciones personales son importantes pero me cuesta socializar pues soy bastante seria con personas que no conozco y me fuerzo a tomar actitudes de amabilidad.»

 

Inciso I:  Incomprensión, invisibilización y patologuización

 

El ser humano es la perfecta muestra de que, de no entender algo, puede llegar a demonizarse y ser señalado como dañino para lo que los stándares de la sociedad nos dictan.

Actualmente es impensable pensar que la homosexualidad sea una patología, pero el conjunto de gays y lesbianas son la prueba aún vigente de lo que la incomprensión llega a causar. «El ser humano, como animal que es y por las leyes que dictan la biología tiene la necesidad intrínseca de reproducirse tal y como haría cualquier otro animal.»

Esta es la explicación de base que aportaron los homófobos para mostrar la «terrible enfermedad» sufrida por toda persona homosexual. Si amas a alguien de tu mismo sexo no eres apto/a para cumplir el ciclo básico de la vida: Nacer, reproducirse con el fin de perpetuar la especie y morir. Tardamos años en comprender que no todo se reduce a algo tan simple, tan mundano, que el hombre es un ser racional que no siempre se deja llevar por el instinto y que por supuesto, goza de una complejidad que le hacen único y a cada individuo, completamente diferente. Fue la incomprensión de la realidad lo que nos llevó a querer erradicar de alguien algo tan propio de sí mismo como era su orientación sexual durante años. Así comprendimos que la homosexualidad era una orientación tan válida como lo era la heterosexualidad. Y la misma lucha tuvo que llevarse a cabo para mostrar al resto de colectivos que componen el grupo LGTB+. Y aún quedan muchas batallas por librar.

Del mismo modo que antaño era impensable entender que dos hombres podían enamorarse y mantener relaciones, actualmente la sociedad parece haberse estancado en el punto en que afirma ser diversa, como sostengo al inicio, pero al mismo tiempo aún no logra concebir que de igual modo que uno puede sentirse atraído por alguien de su mismo género, puede que jamás llegues a sentirte atraído por nadie, ni en el sentido romántico ni sexual.9 En tiempos pasados la invisibilización de la homosexualidad daba pie a la no aceptación. Nadie podía enarbolar la antiguamente inexistente bandera de la homosexualidad y mostrarse abiertamente al mundo por miedo a qué pudiera pasar, y a
su vez, al no ver una realidad existente como lo era la presencia de ciertos semejantes homosexuales, la gente era simplemente incapaz de comprender que había otra orientación además de la impuesta y aceptada. Es decir, nadie era capaz de concebir que había otra relación aparte de la de hombre-mujer porque jamás habían visto algo diferente. Hoy, aún siendo conscientes de la existencia de ciertas personas con nula atracción romántica y/0 sexual parece costarnos entender que dichos individuos no están incompletos. Hemos llegado a una era donde deben de dejarse atrás los prototipos impuestos de normatividad y aceptar la diversidad en todo su esplendor.

«Ya llegará el indicado», afirma la mayoría de personas con que debemos de tratar día a día, creyendo equivocadamente que tan sólo somos exquisitos a la espera de la persona perfecta, y, de no llegar jamás, seremos personas incompletas por el resto de nuestra triste existencia. La incomprensión, el no entender, el no ser capaz de ver más allá de nuestra propia nariz, en este caso nos lleva a tratar de invisibilizar a un colectivo harto de gritar a todo pulmón que existe porque no queremos entender que algunas personas simplemente no se sienten atraídas hacia otras personas en diferentes ámbitos, y de ver que algo así pueda existir, tratamos de mostrar que es causa de alguna carencia hormonal, trauma o problema en nuestro desarrollo durante la niñez, pubertad o juventud temprana. Es decir, y replicando aquella famosa frase de Yoda en Star Wars, la incomprensión lleva a la invisibilización, y esta a su vez, lleva a la patologuización de nuestra condición.

Este bucle que parece repetirse en nuestras vidas sin fin, lleva incluso a aquellos que te aprecian a tratar de corregir algo que simplemente quizá se quede como está sin que pase nada. Mientras ciertas partes del colectivo nombran continuamente la «Acefobia», prefiero remitirme a los términos empleados anteriormente. Fobia quiere decir miedo, o, actualmente, es usado como odio. La comunidad asexual y/o arromántica no es odiada, sino más bien, tal y como expongo en líneas previas, invisibilizada y patologuizada incluso por miembros del propio colectivo LGTB+, que llegan a declarar que la asexualidad no es una identidad sexual, y siendo rebatidos por miembros asexuales que afirman que efectivamente no es una identidad sexual, sino más bien la ausencia de esta, y por ende, que sale del marco de la heteronormatividad contra la que lucha, en última instancia, el colectivo LGTB+. Ahora bien, tanto asexuales, arrománticos como la conjunción entre ambos, sin ser odiados, han de luchar a diario contra el mundo entero a la hora de poder expresar sus vivencias, emociones y pensamientos.

Varias son las personas que se han dado a la tarea de recoger, incluso en divertidos vídeos de TouTube, las frases más repetidas hacia esta comunidad. Varias de las ellas estoy francamente segura de que habrán sido mentadas en los testimonios previos. Si hemos sido capaces de tolerar y comprender la existencia de todas y cada una de las orientaciones sexuales y de género englobadas en el grupo LGTB+ podemos ser capaces de aceptar una nueva atracción (o no atracción) romántica/sexual.

 

Capítulo IX

AVENes 2:  Arrobamiento

«Una vez tuve una amistad muy intensa, y era muy feliz de aquella manera. Luego esta persona quiso intentar algo romántico y yo accedí por presión personal hacia mí misme. Las cosas nunca funcionaron con esa persona.

Actualmente tengo una relación que nunca podría calificarla de amorosa o sexual, pero es más profunda que una amistad, y que para mí es más intensa que alguns que fuera romántica.»

(Anónimo)

 

Capítulo X

«No me siento muy bien recordando y explicándolo».  Anónimo 2.

 

«Noto que todo está muy sexualizado y que en cada ambiente que estoy se habla del tema, y se asume que me gustará algo. Tipo de «tienes novia» o hablar de tías y sexo, e intentar preguntar o decir «te mola liarte». O preguntar el típico juego de «fuck marry kill.»

Nunca lo he dicho directamente porqué sé que no se tomaría bien y lo sé, porque hay mucha gente muy básica y he lidiado con los típicos comentarios de no creerme, o no entenderlo, o decir cosas absurdas viniendo de gente que podría parecer comprensiva. Solo lo he dicho porqué me lo han preguntado muy directamente, cuando siempre intento esquivar y esquivo el tema. Sé que no lo puedo decir directamente ni podría, y cierta pena me da no decirlo como algo mas cuando presuponen las cosas, pero me ganaría demasiadas preguntas y comentarios que no me apetece oír.

Averiguarlo fue difícil. Simplemente noté que era diferente y que no sentía eso, pero ni yo mismo quería creerlo. Aun no recuerdo cómo tomé contacto con el término, cuando he intentado recordarlo.

Puede excitarme ver alguna escena sexual en series, pero sé que soy asexual igualmente, es sólo la idea del placer. Entonces supuse que sería eso, sentir que en eso sentía diferente y pensar el porqué.»

Inciso II:  Cuando el mundo no sabe que existes.

Piense por unos breves instantes en cuando era un niño. En cuando lo máximo que era alguien para usted era un «mejor amigo». En cuando la palabra sexo no significaba nada para usted y la palabra amor le remitía a su madre, a su hermano, perro, gato o grupo de amigos. El sexo y el amor romántico no estaban presentes en su vida, y no los añoraba por ello, no era infeliz. Ahora imagínese que crece, madura, estudia, aprende y se forma en todos los ámbitos, y se desarrolla, pero ni el amor romántico ni la atracción sexual le llegan. Así es como nosotros somos. Queremos, amamos a otras personas, pero no sentimos atracción romántica o sexual.

Cuando somos niños no podemos comprender por qué todas las canciones, películas, series o hasta videojuegos tienen presente, en la mayoría de los casos, el amor romántico y llegando más allá, incluso el sexo. De pequeños no lo entendemos, lo vemos absurdo, y siempre nos dicen que «algún día lo entenderemos». Y ese día no llega. Pensándolo así es fácil llegar a ver por qué los asexuales y/o arrománticos ven el mundo hipersexualizado y con demasiada presencia del amor romántico y goloso que vemos en todas partes. Nuestro amor se limita a formar lazos muy estrechos con amigos y familia, casi como si hermanos fuéramos. No llegamos a sentir nada más allá, pero podemos ser cariñosos, abrazar a alguien como lo hacen los amigos de la infancia o un crío a su profesor.

Vivimos en un mundo que no sabe siquiera que existimos, o que de saberlo está claro que no le importa.

El problema principal de miles de asexuales es el mismo al que antaño debían de enfrentarse los homosexuales o los transgénero. No hay mucha información, y la poca que hay disponible ni siquiera sabemos cómo o dónde encontrarla. Cuando vives en un mundo que espera de ti algo que no llega te planteas ser de todo, pero en nada encajas. Asexuales que han creído ser gays/lesbianas reprimidos/as, que eran menos maduros que el resto por no haber llegado a enamorarse y que sólo pasaban por una fase, o arrománticos que simplemente no entendían por qué un beso en los morros es la panacea para el resto de sus semejantes si para ellos carece de sentido alguno, como hemos visto anteriormente.

Tratas de encajar y no puedes, o ni te esfuerzas viéndote condenado al aislamiento. Ciertos asexuales-arrománticos se han visto forzados a tener pareja exclusivamente por presión social, porque es lo aceptado. Volvemos a lo dicho y repetido cientos de veces aquí. Da igual que tu pareja sea un agénero, género fluido o transgénero, estará más aceptado que el hecho de decir abiertamente que no quieres, ni sientes nada, ni te interesa tener una relación amorosa y/o sexual. No es aversión, es no querer. Si piensa en el sexo y el amor como si fueran algún tipo de pasatiempo entenderá que si a uno no le interesa no puede forzarle.

La invisibilidad lleva a que nos juntemos para gritar juntos. Las redes sociales han hecho posible la autoaceptación de miles de personas asexuales alrededor del mundo. No conocer a nadie como tú es una de las principales razones para creer, erróneamente, que tú condición se deriva de un problema hormonal o psicológico que debe de ser explicado.

En varios artículos he podido leer que varios asexuales se sintieron aliviados, reconfortados y más unidos que nunca cuando vieron, gracias en gran parte a las redes sociales, que su condición, si bien era especial, no era única. Sus preguntas son por fin contestadas por más personas como ellos, y los mitos, son tumbados por estas mismas personas. Ahí es cuando pasas a aceptarte como eres, a dejar de plantearte el ser inmaduro, exquisito, y niegas tener ningún problema.

Porque precisamente el problema de la asexualidad es tratar de mostrar que no hay ningún problema. Es decir que los asexuales y/o arrománticos no tienen ningún problema.

 

Inciso III:  ¿Un problema a solucionar?

El problema de los asexuales es mostrar que no hay ningún problema, efectivamente, y esto mismo doy por hecho que ha de aplicarse a los arrománticos, pues cuando ambas condiciones van de la mano el problema va si cabe a peor. «No sé si tendré las hormonas de forma diferente a ti, pero eso no hace de mí condición un problema, puesto que no condiciona nada relevante de mi vida ni me causa nada más allá de la presión social externa», vino a decir un usuario de AVENes (REVA en español). Pero la pregunta que incluso los asexuales más convencido se han hecho, asumiendo que aún así la causa no hace de la condición una enfermedad o algo «corregible» es: ¿Dónde está el origen de la asexualidad? ¿Se nace con ello o se desarrolla con el tiempo? ¿Hay, efectivamente una diferencia hormonal? Según Bogaert, autor del libro «Comprendiendo la asexualidad» (Understanding asexuality) el origen parece ser exclusivamente genético. «[…] Los mecanismos prenatales (p. Ej., Genes, hormonas, respuesta inmune materna) potencialmente asexualidad subyacente pueden ser los mismos que subyacen a las orientaciones sexuales tradicionales (homosexuales, heterosexuales y bisexuales), y la varianza sexual en general. […]» Bogaert además sostiene que de igual modo que la recomendación médica a homosexuales como parte del tratamiento para la «corrección de su orientación sexual» es totalmente infectiva (mostrando como en pruebas este suministro solo provocaba en ellos más impulso hacia personas de su mismo sexo) en el caso de la asexualidad se darían los mismos resultados. No parece ser algo causado por una diferencia hormonal, pues los tratamientos, según el autor del libro, a lo sumo provocarían mayor necesidad de masturbación en asexuales, mas no un impulso sexual hacia nadie en particular. Vamos, que cualquier tipo de tratamiento hormonal es completamente ineficaz como lo es para las orientaciones sexuales tradicionales. Asimismo, Bogaert niega que la asexualidad sea causa de un trauma, al menos la natural, pues si es causada por un trauma sí es algo susceptible a tratar con verdaderos especialistas en la materia.

La asexualidad tampoco se desarrolla, más bien parece ser la falta de desarrollo del impulso sexual ya que es inexistente en las personas asexuales. Intuyo que, todo lo dicho anteriormente, es aplicable de igual modo a arrománticos/as, aunque al ser terreno aún por explorar quedará pendiente para dentro de un tiempo saber qué tan inherente está el pensamiento romántico en las personas o si es algo adquirido al vivir en sociedad, de ahí en este ámbito me centre en la asexualidad aún siendo este artículo referido a asexuales-arrománticos. De igual modo que un homosexual no va a pasar a ser heterosexual por probar a entablar una relación amorosa y/o sexual, un asexual no va a pasar a tener impulso por nadie y menos por el mero hecho de «probarlo». Las personas asexuales no pueden ser corregidas mediante esa premisa. He escuchado testimonios, los cuales permanecerán en el anonimato, de asexuales obligados a tener relaciones como método de corrección, lo cual es llamado (al parecer) «violaciones correctivas». Aquellos que se han visto obligados a tener relaciones para su corrección han negado que ello haya cumplido su función, pues algo intrínseco a cada ser humano no puede ser modificado.

 

Capítulo XI

Aimara

 

«Mi nombre es Aimara, tengo 18 años y nací en Venezuela. Mi familia es religiosa pero con la salida del clóset de mi hermana pudieron abrir un poco más su mente y hasta el día de hoy siguen en ese proceso. Pero mi historia como asexual es un poco más complicada pues no recibo alguna respuesta u opinión de lo que soy, lo que me hace pensar que no existo.

Mi encuentro con la sexualidad era algo forzado, ya había sido educada para buscar a un chico y a su debida edad podía tener una relación con él y después de graduarme, podría ser algo más, pues era como un mantra que se repetía en mi hogar y la gente esperaba por el día en que yo pudiera decir que me gustaba un chico. Y pues sí, llegó el día que me «atrajo» alguien, pero no de la misma forma de la que hablaban mis compañeras de salón ni la misma que la gente esperaba; era una especie de atracción diferente, pues no quería ser novia de aquel chico pero le tenía bastante aprecio, pero pasaron los días y tuve que cortar mi relación de amistad con él por razones personales, más sin embargo en mi mente no dejaba de repetirse la idea de ese tipo de atracción y porque tenía que ser tan complicada de explicar. Era claro que si no presentas algún tipo de atracción física a alguien de tu sexo opuesto en el instituto eres tildado de homosexual y yo no era una excepción, pues casi todos sabían que a mi me atraía un chico pero al mismo tiempo era «rara» porque no me interesaban. Esto trajo muchos comentarios negativos y uno de los que más me afectaba era que me dijeran ‘lesbiana’ de forma despectiva, para mi no era nada maduro usar esa palabra como burla pero la cara con la que lo decían y su constante presión me trajo muchos problemas emocionales después. ¡Era horrible! No sentía ni la mínima muestra de libido, apreciaba la belleza estética del hombre y la mujer, pero no lo sentía como si tuviese que acaparar sus vidas. Pasaron unos años y fui desarrollándome más, me gustaban más que se supone que hacen los chicos pero no sentía que encajaba en ninguno de los lados, a veces sentía como una especie de fluidez donde comprendía que estaba bien haciendo cosas de ambos roles sin llegar encajar del todo el tema de la sexualidad. Tuve otra decaída en mi graduación pero la transición hasta llegar a los primeros semestres de la universidad fueron clave para mi. Al mismo tiempo, empecé a sentir otra vez ese tipo de atracción por las personas, pero no era nada romántico, era casi como un amor platónico dónde apreciaba sus logros y su felicidad desde lejos sin ser partícipe de ello y con eso me bastaba. No quería tener citas, no quería besar a nadie ni tampoco tener sexo ni ninguna muestra de afecto, ¡ni siquiera me he masturbado jamás en mi vida! y no era precisamente por traumas como las demás personas alegaban; era decisión personal, no me apetecía y me sentía bastante incómoda cuando alguien intentaba ir más allá conmigo. La primera vez que alguien se me confesó, le dije que era asexual sin saber realmente todo lo que aquello significaba y no creo que lo haya tomado bien, es por eso que volví a meterme en el clóset y guardarme lo que sentía porque la expresión de las personas cuando se lo dices suele ser… algo como desconcertante, es decir, parecen intrigados pero no preguntan más a acerca de eso y te hacen quedar como si fueras algún loco que se inventó el término. ¿Cómo le podía explicar a las personas con las que llegue a tener ese tipo de afecto que estaba enamorada pero sin estarlo realmente? Era ridículo para esas personas, y la búsqueda constante de los chicos que solo querían salir y ya me estresaban, porque yo no era cómo ellos creían y no les iba a dar lo que ellos buscaban. Un tiempo después, hablé con mi amiga acerca de cómo veo las relaciones y me mencionó que era un ace of spades y que ella formaba parte de la comunidad, investigué más y gracias a ella, fui metiéndome más en la comunidad conociendo el amplio espectro de la asexualidad y me enteré que no estoy sola, que no soy enferma y que miles de personas sufren el mismo abuso por culpa de la desinformación e ignorancia que abunda en la mayoría de las casas. Me identifique más con el asexual arromántico, porque hasta el día de hoy no encuentro interés en absolutamente nada pero puedo sentir cariño e interés por las personas, así como un plato de comida favorita que te quedas mirando y apreciando. No hace mucho tiempo empecé a compartir más memes e imágenes referentes, casi todos mis amigos saben lo que soy pero unos pocos comprenden realmente y otros no le importan lo que sea, con tal de que esté feliz. Y aunque le haya dicho a mi familia, ellos lo toman como broma y dicen que con el tiempo cambiaré de parecer pero eso es algo que me parece curioso, ¿cómo podría cambiar algo que siempre ha sido mi base como persona? Si desde pequeña he rechazado el hecho de pasar la vida junto a alguien (aunque disfrute mucho de las relaciones románticas representadas en las obras en general) y estoy rechazando algo que se me ha impuesto desde muy joven porque no me siento bien conmigo misma. Y esa es la cuestión: hay que estar bien contigo mismo y ser honesto con tus sentimientos. Aunque la gente lo rechace y exprese que no existes, hay que darse un vistazo por dentro y reafirmar tu propia existencia, y si es necesario hay que decírselo al mundo: ¡Los asexuales somos más visibles que nunca!»

Capítulo XII

«Soy asexual, no estoy enferma».  Elsa Ortiz, artículo.10

«[…] Si bien no tuve una persecución física sistemática, ni tengo noticias de que la asexualidad haya estado tipificada como delito, encontré muchas similitudes en el tratamiento que se le daba a la homosexualidad antes, y el que se le otorga ahora a lo asexual. […] Mi malestar ante estos comentarios me ha llevado a imaginar un mundo al revés, en el que la norma es la asexualidad, y ellos/as deben contestar estas preguntas: ¿por qué eres heterosexual? ¿Por qué te besas? Ya llegará tu momento de asexualidad ¿Has probado no tener relaciones durante un tiempo?[…]»

Inciso IV:  El Manifiesto Asexual. ¿Asexualidad y feminismo?

En el artículo «A Rethinking of Gray Asexuality: What do we Learn from an Undefinable Identity?» de Jason M. Gurevitch, Se mencionan varios otros estudios acerca de cómo la Asexualidad puede verse desde un punto de vista feminista.

La visión básica de la sociedad muestra a mujeres y hombres (principalmente siendo ellas mayores víctimas) de forma hipersexualizada, así como una visión del sexo como culmen de cualquier relación llevada a cabo por cualquier individuo. La asexualidad sin embargo rompe con lo establecido en todos los aspectos, y más aún si a ello le sumamos la condición de arromanticismo de varias personas, que muestra que no solo no es necesario el sexo sino que el amor convencional puede ser obviado y llevado a otros ámbitos. El feminismo ha encontrado en la asexualidad una nueva forma de entender las
relaciones entre nosotros y el sexo en general, y aunque actualmente este ámbito dentro de la lucha feminista se encuentra en pañales, no son pocos los/as activistas que se mueven en base a ello para romper con el heteropatriarcado.

De esto precisamente habla el Manifiesto asexual, el cual quiero incluir dentro de esta recopilación, y el cual me tomé la molestia de traducir junto a mi compañero Ignacio de Miguel Díaz.

«Nuestras experiencias con la sexualidad no han sido congruentes con nuestros valores feministas. Desde que nuestra consciencia sobre este tema aumentó empezamos a ver cómo el sexo había permeado en nuestras vidas y las vidas de los demás. Formamos nuestras relaciones en términos de sexo: amigos o amantes. Entramos en un proceso de «crecimiento», quizá consciente o subconsciente con cada nueva persona, aceptándola o rechazándola como posible pareja sexual incluso si no tuvimos intención de participar activamente en actividades sexuales. Rechazamos arbitrariamente grupos enteros de personas como «no aptos» para relaciones íntimas porque asumimos que dichas relaciones, por definición, necesariamente incluían sexo. A menudo elegimos con quién pasar tiempo en base a su sexualidad (la «escena del bar»). Desde que nos dimos cuenta de esto en nosotros mismos comprendimos como estábamos siendo objetivados por los demás.

La asexualidad es otro crecimiento dentro de este modo de ver. Es un concepto que queremos usar para comunicar —no solo a través de serlo sino también a través del lenguaje nuestra lucha por alejarnos del sexismo en nuestras vidas.

En este documento hemos usado los términos «sexo» y «sexual» para describir cualquier actividad cuya meta sea la excitación genital o el orgasmo. El afecto físico y la sensualidad (incluidos los besos) no son, por definición, sexuales, a no ser que sean dirigidas a la meta de la excitación genital.

Elegimos el término «asexual» porque ambas, celibato y «anti sexual» tienen connotaciones que deseamos evitar: la primera implica que uno ha sacrificado la sexualidad por un bien mayor, la segunda que la sexualidad es degradante o de algún modo inherentemente mala. «Asexual», como la usamos, no significa «sin sexo», sino «sin atracción sexual por nadie». Esto no excluye, por supuesto, la masturbación, pero implica que si uno tiene sensaciones sexuales no requiere a otra persona para su expresión. La asexualidad es, simplemente, sexualidad autocontenida.

Nuestra filosofía sobre la asexualidad creció en base a nuestra ética personal, la cual fue reformada por nuestra consciencia [ideología] feminista. Para nosotras, como para muchas mujeres, el feminismo significa algo más que luchar contra el sexismo. Significa «ayudarse como hermanas»—Una nueva forma de relacionarse, incluso una nueva forma de vida. La moralidad feminista, a estas alturas de la historia, solo puede ser definida como antiética hacia los opresivos valores de la sociedad (ej: competición, objetivación). A nivel personal, está reflejado en nuestra creencia que: debemos tratar de relacionarnos con otros en su totalidad, cuanto más mejor y no verlos como objetos existentes para la gratificación de nuestras necesidades; no debemos explotar a los demás —lo que significa no usarles «injusta o impropiamente»— sino permitirnos aprovecharnos de nosotros mismos; no debemos ser deshonestos con nosotros mismos o aquellos a quienes respetamos. Adicionalmente, creemos que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de examinar nuestro comportamiento, determinando como ha sido afectado por el condicionante sexista, y de cambiarlo si no se ajusta a nuestros estándares.

Como feministas, hemos denunciado el aprovechamiento sexual de la mujer por el hombre sin ver que nosotras también hemos usado a otros «injusta o impropiamente». El sexo interpersonal no es un patrón de comportamiento instintivo. Es un comportamiento que hemos aprendido a tener para la satisfacción de una necesidad (el orgasmo) el cual podemos satisfacer sencillamente nosotras mismas. Vimos este uso de los demás como aprovechables y nos dimos cuenta de que permitiendo a los demás usarnos de este modo estábamos acrecentando nuestra propia explotación.

Hemos luchado contra nuestros condicionantes en muchos sentidos, especialmente en termino de roles de género, pero nos hemos olvidado de examinar el condicionante básico que había dado forma a la sexualidad. Es difícil incluso especular acerca de la naturaleza de la «sexualidad ideal» (no influenciada por el sexismo) pero estamos seguras de que no ocuparía tanto en nuestras vidas como lo hace en esta sociedad. Vivimos en una cultura de «adoradores del fetiche» que otorgan al sexo una extrema e irracional atención. Como si muchos de nosotros estuviéramos condicionados a dirigir nuestra energía a la preparación de platos de comida, creando un fetiche de una simple necesidad para evadir la confrontación de la soledad en nuestra vida como mujeres, siendo condicionadas a dirigir nuestra satisfacción sexual en formas complejas y cíclicas. Desde nuestra participación en el feminismo nuestras vidas se han incrementado considerablemente y no sentimos más la necesidad de fetiches.

Examinando nuestras experiencias en base a nuestros valores, hemos llegado a la asexualidad como modo de ser y ser concurrentes. El sexo interpersonal ya no es importante para nosotras. No merece la pena el distorsionado y destructivo rol que ha jugado en las relaciones. Ya no define nuestras relaciones ni de ningún modo constituye nuestras identidades. Como mujeres asexuales no debemos apoyar, iniciar o continuar relaciones para experimentar sexo interpersonal, ni usar a otros para la satisfacción de nuestras necesidades sexuales o permitir que nosotras mismas seamos usadas, tampoco intentar satisfacer otras necesidades (ej: afecto, calor, intimidad) a través del sexo interpersonal, o percibir a los demás acorde a su potencial, o falta de él, como parejas sexuales. En esencia, nuestra asexualidad refleja una repulsa hacia el sexo interpersonal porque no cumple con nuestras condiciones: De este modo es congruente con nuestros valores y totalmente incidental o sin importancia en nuestras relaciones personales.

La base para la liberación de la mujer es la destrucción del sexismo, una de cuyas manifestaciones es la explotación sexual de la mujer por el hombre. La asexualidad es un paso para conseguir esta meta a un nivel personal, eliminando una de las formas en que los hombres nos oprimen. A través de la asexualidad, hemos excluido el sexo como una meta, esencialmente, incluso como una posibilidad en cualquier relación que podamos tener con un hombre.

A causa de la cultura patriarcal que ha resultado de la institucionalización del sexismo, el comportamiento explotador, estándar en nuestra cultura, ha hecho extremadamente difícil para las mujeres darse cuenta de su propia independencia, un estilo más humano de relacionarse. La mayoría de las mujeres consecuentemente reflejan, en sus relaciones con los demás, algunos de los patrones del comportamiento de explotación característica de nuestros opresores masculinos. Un área donde la opresión entre mujeres puede ocurrir es, de nuevo, la sexual; esta opresión también debe de acabar antes de que podamos ser libres de verdad. A través de la asexualidad, hemos rechazado el sexo como una meta en nuestras relaciones con otras mujeres, eliminando así la objetivación sexual, explotación y opresión hacia nuestras hermanas. Así también, hemos rechazado cualquier posibilidad de sexo hasta que nuestras condiciones sean cumplidas, previéndonos así de ser sexualmente explotadas y oprimidas.

Para destruir los mitos básicos de una sociedad en particular hay qué socavar sus fundamentos. La cultura patriarcal, basada en la diferenciación de sexo, ha construido algunos de los más fuertes mitos acerca de la sexualidad. Creemos que es de suma importancia que el feminismo se dirija a la exposición y destrucción de la actual mitología patriarcal la cual, a través de decepción, da fuerza a nuestra opresión. Los mitos responsables del papel que juega el distorsionado rol del sexo en la vida de las mujeres son:

(1) El sexo interpersonal es esencial desde que el deseo sexual es una poderosa fuerza en la vida humana, si no es satisfecho (a través del sexo interpersonal) tiende a producir infelicidad y posiblemente enfermedades,

(2) Es importante que cualquier excitación sexual sea siempre y/o inmediatamente satisfecha,

(3) El sexo es esencial para una relación cercana, no siendo completa sin él,

(4) El último acercamiento en una relación ocurre durante el sexo y/o orgasmo,

(5) Las necesidades para el afecto físico y el sexo son básicamente las mismas,

(6) Es casi imposible expresar afección física satisfactoriamente sin que ocurra una excitación sexual también,

(7) Las mujeres que tienen poco interés en el sexo interpersonal o que raramente incluso alcanzan el orgasmo, son de algún modo inadecuadas (con baja libido o frígidas).

Mientras estos mitos no deben ser creídos por la mayoría de las mujeres, algunas mujeres creen en algunos de ellos durante un tiempo.

Finalmente, vemos un conflicto entre, por un lado, el tiempo y la energía necesarios para nuestra lucha como feministas, y por otro, el tiempo y la energía necesarios para desarrollar y mantener relaciones en las cuales el sexo es una meta. Si queremos usar nuestra energía eficientemente, deberíamos de tomar una decisión: luchar contra el sexismo o luchar contra el sexo satisfactorio. A pesar de que debe de ser dicho que dar la espalda a un problema no es solventarlo, creemos que la verdad de esta declaración es relativa a la importancia que uno le da al problema. Si viéramos el sexo interpersonal como importante, la asexualidad sería algo a evadir; desde que no lo vemos así, es en cambio una manera de dirigir nuestra energía hacia un área en el que sentimos que está siendo desperdiciada. Vemos la asexualidad como un eficiente «modo de vida alternativo» para mujeres revolucionarias, pero no aclamamos que la «asexualidad es una revolución». Nos llamamos a nosotras mismas «mujeres autoidentificadas», pero no pedimos que todas las feministas adopten este título. Nuestra declaración es simplemente esto: Como resultado de examinar la naturaleza de nuestra sexualidad y reclamándola desde los sexistas conceptos erróneos circunstantes a ella, somos capaces de formar y mantener relaciones de modo que refleje nuestros valores y sea efectiva en nuestra lucha por la liberación. Para nosotras, la asexualidad es un compromiso que desafiar y en última instancia para destruir los conceptos sin fundamento, socavando ambos sexo y relaciones, que mantienen y perpetúan el patriarcado.»

El Manifiesto Asexual, el cual conviene recordar que data de 1972, recoge varios puntos acerca de la Asexualidad, algunos de los cuales han sido criticados por su versión «elitista» en cierto modo al considerar «más feministas» a las mujeres asexuales. Sin embargo conviene hacer una pequeña pausa y comentar varios de los puntos expuestos. Para empezar, nos encontramos ante el primer documento del que se tiene constancia dónde se separa expresamente la asexualidad del celibato y la anti-sexualidad, dando los mismos motivos que se vienen a dar en la actualidad. Asimismo, e igual que varios grupos de activismo actuales, critica duramente la hipersexualización a la que nos vemos sometimos/as constantemente y la cual es uno de los pilares sobre los que se asienta la sociedad patriarcal, al dividir a la sociedad según su género y mostrar a la mujer como objeto sexual del hombre. Recoge también un punto ampliamente expuesto por asexuales en nuestros días, el cual es que la Asexualidad no es «sin sexo», sino «sin atracción sexual por nadie», quedando fuera de la asexualidad pues, el afecto, el calor, los besos o incluso la masturbación, pues se asume que nuestra necesidad sexual puede ser satisfecha sin necesidad del llamado, según el Manifiesto, sexo interpersonal.

El punto más polémico probablemente es sin duda la afirmación de que la Asexualidad es un nuevo paso en el feminismo, pues la asexualidad no es algo a escoger (tampoco el Manifiesto así lo enuncia). Sin embargo, más adelante se enuncia: «Vemos la asexualidad como un eficiente «modo de vida alternativo» para mujeres revolucionarias, pero no aclamamos que la «asexualidad es una revolución». Nos llamamos a nosotras mismas «mujeres autoidentificadas», pero no pedimos que todas las feministas adopten este título.» Es decir, que para los asexuales esta nueva forma de vida puede ser entendida como otro paso en el feminismo, mas no algo a adoptar por todas debido a que no es una elección. Por último, muestra los mitos sobre la sexualidad en que se apoya la sociedad y algunos de los cuales siguen vigentes en cierta forma a día de hoy.

Pero lo más destacable del artículo es la fecha en que fue escrito, algo que sin duda desmonta el típico mito de la asexualidad como algo de «progres de la actualidad». Es, como todas las orientaciones, algo que probablemente lleve existiendo desde los inicios de la humanidad, pero que por el desconocimiento se ignoraba hasta ahora. Al pie de página se menciona que la autora escribió sobre la Asexualidad porque ninguna de las orientaciones sexuales que propusieron para las ponencias se adaptaba a ella. El Manifiesto asexual, si bien puede estar algo desfasado, muestra que las bases son sin duda las mismas.

 

Capítulo XIII

Alosexuales, ¿Alguien nos comprende?

 

Una de las lacras con que cargamos los asexuales y/o arrománticos es la incomprensión de los llamados «alosexuaes». El término fue acuñado como el contrario a «asexual». Previamente se había usado el conjunto sexual-asexual, pero este fue un modo de crear una definición propia a dicha condición (como lo es «Straight» para «Gay» en Inglés).

En este punto decidí detenerme para hablar de lo contrario a lo propuesto anteriormente. La inmensa mayoría de alosexuales denigran, patologuizan o invisibilizan la condición asexual, mas como comprobaremos hay quienes son la excepción que confirma la regla. Me remito en primera instancia a mi experiencia personal, a como, mientras cientos de personas me insistían en que algo dentro de mi debía de corregirse, otros pocos eran capaces de asumir y comprender, o al menos aceptar mi condición sin poner traba alguna o incluso implicándose activamente en el proceso de aprendizaje sobre mi doble condición.

Es por ello que además de recopilar nuestras vivencias quise recopilar las opuestas, con la intención de mostrar desde el otro lado la comprensión y la visión de ajenos sobre nuestro modo de ser y ver las relaciones amorosas/sexuales.

Nunca se termina de entender

«Bueno, la verdad que me gustaría empezar a hablar de la asexualidad desde la primera vez que oí hablar de ella. Fue sinceramente en Instagram, y mi primera impresión fue «¿Qué es esto?». Pero lo dejé pasar porque sabía que era algo relacionado con el colectivo LGTBI. Cuando volví a oír hablar de ello fue en las historias de una amiga y me di cuenta de que existía y era real. Y para entender a mi amiga, se lo pregunté, y ella me ofreció todas las respuestas. Aunque ahora todavía me cuesta un poco, «lo entiendo» (lo he puesto entre comillas porque creo que lo entiendo pero seguro que no es así, que todavía me queda mucho que saber) pero aun así la ayudaré si necesita algo y estaré aquí.»

(Anónimo)

 

Foro, extracto adaptado11

«[…] Hola me uní a este grupo para aprender más de la asexualidad. Estoy casada con un chico desde los 23 años […] y siempre ha sido una persona muy reservada en la sexualidad. Hace casi 3 años que decidió vetarlo totalmente de nuestras vidas, he intentado hablarlo con el muchas veces, pero ya saben cómo es el estigma de la masculinidad mexicana. Después de años de preguntarme qué pasaba entendí que definitivamente se encuentra dentro del aspecto asexual, pero se niega a hablar del tema.

Disimuladamente he estado compartiéndole información para que entienda mejor qué le está pasando. Yo lo he hablado con amigas, e incluso con una psicóloga pero todos me hacen las mismos comentarios: que si estoy segura, que si no tiene a otra, que si está enfermo, que si es gay, nadie parece entender de lo que hablo. Nos conocemos […] muy bien así que sé que eso no es lo que pasa. Yo quisiera que entendiera y aceptara lo que le pasa y así tomar una decisión juntos, pero no sé cómo hacerlo. […]»
(Anónimo)

 

Respeto ante todo

«Siempre he respetado a toda persona que me he encontrado o que ha llegado hasta mi, da igual si homosexual, bisexual o cualquier condición. Todo es respetable y al igual que hay quienes se enamoran de su sexo opuesto o de su mismo sexo, hay quienes no se enamoran de nadie ni sienten esa atracción amorosa o sexual por una persona y es totalmente respetable y normal. Yo lo he respeto y lo respetaré siempre, porque sin respeto no se llega a ninguna parte. Yo no tuve que entender nada ni pensar en ello cuando alguien me ha llegado a decir que es asexual, simplemente para mí era una orientación sexual más, no tengo por qué cuestionar nada ni pensar que sea raro o extraño.»

(Anónimo)

 

Capítulo XIV

WindlePons (Cuenta de Twitter)

 

«Para bien o para mal, de momento solo he sufrido dos situaciones notoriamente acefobas (bueno, quitando alguna gracioso de turno por el internet, etc.)

La primera fue cuando «enseñe las cartas» a quien era por aquel entonces mi mejor amigo. No se lo creyó. Es más, dijo que era «chorradas psicológicas»… Sobra decir que después de aquello, junto con otros detalles, la amistad se fue al garete.

La otra fue hace poco. Hace ya como una semana, fui al psicólogo por que había tenido una racha muy mala a principios de año (Resumiendo, la salud de mi padre empeorando por momentos, con lo que necesitaba cuidados continuos y que mi madre estaba liando la cada dos por tres…), y me dieron la cita 6 meses después.

Pues nada, llego, entro y nos presentamos. Ella es una señora ya mayor (prejubilada me dice mas tarde) y la acompaña una chica que presumo que sería una estudiante. Pues lo primero que me entero es que no tiene mi historial del anterior centro al que iba (¡Muy bien Comunidad de Madrid! ¡Cambiando a la gente de centros porque si!), así que me toca contarle por que había estado antes y media vida mía.

Llegado el momento, me pregunta si tengo pareja. A lo cual contesto que no. Me pregunta que por qué. Que si no tengo interés, que si no lo intento, que si me cuesta relacionarme. Le digo que no tengo interés. Aunque es más complicado que eso, pero teniendo en cuenta que la anterior que tuve, también le chocaba el tema del arromanticismo, como que preferí dejarlo en eso.

Luego me pregunta por mi orientación sexual. Dice «heterosexual, homosexual» y digo claramente «asexual». Y parece que esto le pilla por sorpresa, porque me pregunta «¿Qué entiendes por asexual?». Así que me toco explicarle que no siento atracción sexual, salvo una vez por una amiga del instituto (que eso hace ya como 17 años de aquello…)

Y ella me pregunta que si me lo han mirado «médicamente». Le tuve que aclarar que no tengo ninguna disfuncionalidad sexual, que funciono correctamente. Que simplemente no siento atracción sexual.

Pues sigue haciéndome preguntas y hablando de como he llevado la situación de lo de mi padre este  medio año y tal… Pero en algún momento, de forma sutil, me dejo entrever que debería de haber ido a terapia sexual. Podría haber sido peor.»

 

Capítulo XV

Sin interés.  Anónimo 3

 

«Poder asignarle un nombre a algo que te identifica es un gran alivio.

Durante mi adolescencia y juventud se burlaron de mi por ser «virgen»; me dijeron que era una «lenta» y una «quedada». Solo por no tener interés en el sexo. Empecé a pensar que había algo malo en mi, ya que todas decían que era algo maravilloso coger con alguien, que no podían estar sin hacerlo. Pero a mi simplemente me daba igual. No niego que tenía curiosidad en tener intimidad, pero no me quitaba el sueño. A los 28 tuve sexo por primera vez, y no me entusiasmó para nada. Mi error en ese caso fue hacerlo con un varón, siendo que me gustan las chicas.

Tengo 33 años, he asumido mi propia asexualidad, y estoy feliz.»

 

Capítulo XVI

Iñaki

 

«Es complicado para mi remontarme a saber cuándo empecé a darme cuenta de que era diferente en algunas cosas. Quizá hacia los once años empecé a ver que mi forma de relacionarme con las niñas no era la habitual de mis compañeros, y a la vez sabía que tampoco tenía atracción hacia ellos. Las niñas eran mis amigas y creo desde la distancia de más de 30 años que las trataba como iguales — aunque pudiera estar equivocado, la memoria es caprichosa y lo que no recuerda lo inventa rellenando los huecos. Mi primer arrobamiento fue hacia una compañera de clase, pensaba en ella constantemente, pero no tenía imágenes de tener relaciones sexuales con ella o de que fuera mi pareja para siempre hasta que nos hiciéramos viejitos juntos. Simplemente, quería cogerla de la mano y hablar con ella y verla feliz. Y ya. En esa época rondaríamos los doce o trece años supongo, era el antiguo octavo de EGB.

BUP y COU pasaron igual, sin pena ni gloria en este aspecto, sufrí acoso escolar —lo que ahora llaman bullying y que siempre ha existido— pero casi todo el tiempo debido a otras razones no muy relacionadas con la orientación sexual. Desde que recuerdo me gusta la soledad, la lectura, la escritura, la música, nunca he bebido, ni fumado ni me he drogado más que con el café diario de cada mañana, y eso me hace raro y diferente, que le vamos a hacer. Creo que a mis sucesivas amistades y compañeros les resultaba curioso que me moviera por el mundo sin pareja y sin necesidad de ella y sin intentar ligar con nadie, ni mujeres ni hombres. De manera personal no lo veía ni lo recuerdo ahora como sufriente. Tuve algunos arrobamientos más, con una perspectiva mas «adulta» pero siempre hacia amigas muy queridas y con las que tenía mucho trato diario, lleno de intercambio emocional e intelectual.

Pasó la diplomatura y llegó la licenciatura y conocí a las que fueron durante unos meses mis intentos de tener pareja. Grandes amigas, pero eso era todo, y ahora solo espero no haberlas hecho daño, pero sinceramente, ni siquiera conocía el concepto de asexualidad ni de que algo así pudiera existir —ya sabéis, somos invisibles porque no existimos. Como teníamos mucha confianza para hablar de todo me llegaban a decir que me notaban frio o distante o despreocupado y yo sentía que me desvivía por Asexuales –  verlas y estar con ellas, pero ahora veo que en realidad era un intento impostado, aunque en ese momento yo no lo viviera así. Lo siento.

Después ya nada, no he hecho más intentos de probar cosas, simplemente soy feliz así, o mejor dicho voy viendo poco a poco que realmente lo soy. A principios de 2019 descubrí los términos asexualidad y arromanticismo, con 43 años, comencé a investigar y algo me hizo click por dentro —no creo que tenga que explicar más, supongo que todos habéis tenido en algún momento esa sensación, esa emoción íntima de autorreconocimiento— Actualmente me voy mimetizando poco a poco con la idea de que soy asexual arromántico —lo que es inseparable a reconciliarme conmigo mismo— y eso no me hace una persona fría, distante, despreocupada o deshumanizada. Sigo sintiendo emociones, sentimientos, agradecimientos y gozando la vida lo que puedo y como puedo y por descontado me encanta relacionarme con personas de todo género, color de piel, etnia, creencia religiosa u orientación afectivo-sexual, y el profundizar en propia orientación sexual me está ayudando a sanar algunas cosas y a intentar ser más yo mismo en mis relaciones con ellas. Soy asexual arromántico y eso está muy bien.»

 

Capítulo XVII

Breve reflexión final

Llegamos al final. Tras un pequeño pero intenso recorrido por algunas experiencias de este reducido círculo de asexuales-arrománticos, de personas que sentimos, amamos y apreciamos la belleza de nuestros semejantes sin llegar a enamorarnos. De aquellos que hemos intentado transmitir un mensaje claro: no se trata de saberse mil términos complejos y la historia entera de este pequeño colectivo, ni de, como sostengo al inicio, ponerle nombre o bandera a un movimiento. Se trata de respeto, eso debe de estar por encima de todo. Sólo uno mismo puede conocerse a sí mismo por completo y determinar si está o no enamorado, si quiere sexo o no, si quiere usar algo con lo que ha nacido en pos del feminismo o si quiere salir del armario. Se trata de aceptar a todos. Las orientaciones sexuales no hacen daño a nadie. ¿No sabía que existía la asexualidad o el arromanticismo? No pasa nada, pero siempre debe de imperar el respeto. Si oye que alguien no se enamore no se extrañe. Quizá no le ha llegado, quizá no le llegue nunca, y no pasa nada mientras esté feliz. Queridas personas que sí experimentan atracción sexual y/o romántica, estas son nuestras experiencias.

 

 


 

1 “Asexualidad pura” es un término incorrecto. No hay personas más asexuales que otras, o a eso se pudo llegar como conclusión hace años, sin embargo durante algunos meses fue un modo de referirme a algo todavía incomprendido.

2 Si bien la asexualidad no ha sido visibilizada hasta recientemente, su existencia lleva siendo dada desde, según ciertas personas, la Historia Antigua. Sin embargo, el Manifiesto Asexual data de los años 70, el cual parece sentar las bases y conceptos que nos definen actualmente. Sin embargo mucho se ha hablado de la asexualidad de ciertos personajes históricos tales como Isabel II de Inglaterra, Newton o hasta Dalí, y ha sido mentada inclusive desde los años 50.

3 Hasta 2013 la asexualidad era reconocida por médicos expertos como una enfermedad comúnmente confundida con otro tipo de trastornos relacionados a las actividades sexuales, achacado a problemas hormonales, traumas o una simple pérdida de interés. Es por ello que ciertos asexuales han intentado ser “corregidos”, por supuesto, si efecto alguno, por dichos especialistas.

4 Los términos “arro” y “ace” dentro de la comunidad vienen a significar aeromántico y asexual respectivamente. Ace, en inglés, por fonética, se pronuncia de modo parecido a Ase[exual], y a su vez significa «as» (de las cartas de la baraja), de ahí que los 4 ases sean los símbolos de la comunidad (en base a la antigua clasificación de las personas en 4 tipos dentro del espectro, modelo anticuado pero que dejó su legado. Los asexuales arrománticos se representan por el As de Picas)

5 La comunidad asexual es tan diversa como asexuales existen debido a la diferencia en libido, atracción (o no atracción) romántica, y condicionantes que pueden derivar en descubrir la demisexualidad, es decir, la atracción sexual por alguien con quien es compartido un fuerte vínculo.

6 AVEN es la mayor comunidad de asexuales del mundo, mientras que AVENes es usado para referirse a la comunidad de habla hispana.

7 Coger es usado como sinónimo de “hacer el amor”, “follar”, dada la procedencia de la autora. Asimismo expresiones como “ponés” o “sos” vienen dadas por la misma razón.

8 Debido a que estas experiencias han sido consultadas cabe resaltar que algunos lo relatan como si se lo contaran a una segunda persona.

9 La atracción romántica y sexual, si bien suelen ir de la mano, pueden ser separadas. Ciertos individuos afirman ser asexuales pero no arrománticos. Es decir, uno puede sentir atracción romántica, sexual, ambas o ninguna.

10 Pequeño extracto

11 El usuario pedía ayuda para entender la asexualidad debido a que su pareja era asexual.