Mi vida a su lado

Autor: Beatriz. V

Soy asexual heterorromántica o heteroafectiva, no defino aún mi orientación romántica; aunque siento que podría encajar tranquilamente en la arromanticidad. Crecí en un pueblito de España y hoy vivo en Uruguay con mi esposo, soy mamá y abuela. No siempre he tenido el momento de paz que hoy tengo y tanto esperé.
 
Mi esposo no es asexual ni demi o gris, él es alosexual. Su familia se había mudado a España buscando una oportunidad de cambiar su calidad de vida y ahí es cuando lo he conocido. Primero como mi mejor amigo y sin darme cuenta como compañero de vida. Sin embargo, nuestra vida no siempre fue feliz, para los dos. Me he creído enferma toda mi juventud y mi adultez. He ido a terapias de pareja, sola y nunca hubo cambios en mi ritmo sexual o la apetencia de estar con mi marido, para él todo significó un rechazo a quererlo o a verlo como atractivo. Las terapias no han mejorado las cosas, también ha sufrido maltrato y humillación cuando un sexólogo me ha dicho que quizás mi marido no me satisfacía por ser mal amante o porque su miembro era pequeño, sí, ha dicho esto; y que debía buscar en otros hombres lo que mi marido no me podía dar.

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Nunca nos dimos por vencidos. Él es un compañero ideal, con la capacidad de renunciar al sexo por verme feliz y estar a mi lado. Tengo un compañero que ha luchado por mí y por nuestra familia siempre y no es asexual, que me ha dicho en uno de los momentos más tristes de mi vida que dejemos las terapias y que me acepta como soy. Recién en el 2016 pude comprender que no estuve en ningún momento  enferma, que soy asexual. Nos ha traído paz a los dos y hemos fortalecido la relación. Pudimos cerrar heridas, yo he cerrado las mías de sentirme incompleta, extraña. Y él de no sentirse amado por completo. Tomó mucho tiempo, perder el miedo de que me deje o que lo deje por otros. Él también navegaba en inseguridades que aquel sexólogo despertó. Pudimos proyectar nuestro amor en nuestros hijos y hoy disfrutamos a nuestros nietos. Nos aseguramos de realizar muchas actividades juntos, ambos las disfrutamos, las planificamos y si es con nuestra familia mejor. Hablamos mucho, paseamos, vamos al cine y a cenar. Hoy no tengo miedo de que nuestra relación se rompa o él sienta rechazo por lo que soy.  Sé que nuestro amor, a veces sufrido por no saber qué pasaba, estará siempre junto a mí y mi amor junto a él. Mi vida siempre a su lado.