La necesidad política de ser considerados orientación sexual

Autor: Alvaro Ramírez

Desde su nacimiento en los foros de AVEN los colectivos y grupos de personas asexuales hemos detectado la necesidad epistemológica de ser considerados una orientación sexual, la anterior expresión podrá sonar muy rimbombante, pero considerando que la epistemología se refiere a la parte de la filosofía que reflexiona sobre los principios, fundamentos, extensión y métodos por los cuales el ser humano llega al conocimiento. La necesidad epistemológica se refiere a como necesitamos que la asexualidad sea considerada un concepto que está bajo el paraguas de las orientaciones sexuales con el fin de conocer y comprender por medio de este concepto nuestra sexualidad y vivencias dentro de este mundo alonormativo. comprender como funcionan nuestras distintas atracciones, conocer lo que es vivir en un mundo que sistemáticamente oculta y encubre nuestra existencia, conocer como construimos lazos afectivos, etc. En esencia considerar a la asexualidad como una orientación sexual nos da pautas para comprendernos en un plano psicológico, afectivo y social.

Sin embargo, como suele suceder con todas las disidencias sexuales una serie muy variada de actores sociales y políticos se siente con el derecho de definirnos bajo sus propios estándares calificándonos como una patología, producto de homofobia interiorizada, un mito al adscribirnos dentro del mito más grande de las orientaciones sexuales (si hay gente que considera las orientaciones sexuales un mito y ven en la sexualidad un mejor ejercicio político), una deficiencia u anomalía, una simple preferencia sexual, etc.

El problema viene cuando se palpan las consecuencias de todos estos ejercicios de poder por parte de actores con mayor influencia dentro de los medios, academia, la opinión pública y la cultura general. La consecuencia de esta actitud prepotente de estos actores de imponernos su concepción de nuestra realidad tiene consecuencias sociales y políticas sobre nuestras vidas e integridad física y psicológica.

Si en cierto aspecto predomina la visión patologizante impulsada por el gremio de la sexología y psicología se legitiman prácticas como las terapias de conversión en contra de nuestro colectivo (las cuales no son nada inocentes ya que se valen de prácticas como las violaciones correctivas, la medicación sin justificación alguna y otro tipo de prácticas que violan el derecho al libre desarrollo de la personalidad de las personas asexuales), también legitiman prácticas como la violencia sexual correctiva en contra de nosotros ( como sobreviviente de una agresión sexual por mi orientación sexual les puedo decir que es un problema mucho más grande del que imaginamos y que por desgracia poco se aborda dentro de nuestros colectivos), también legitima cosas como la automedicación o el acudir a remedios caseros y afrodisiacos que pueden poner en riesgo nuestra salud.

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Por otro lado, si predomina la visión de la homofobia interiorizada se legitiman cosas como la sexualidad compulsiva (entendida como aquella presión social ejercida sobre las personas asexuales que las lleva a forzarse a entablar relaciones sexuales con el fin de “curarse” o “encontrarle el gusto al sexo”, lo cual puede llevar a actitudes autodestructivas que atentan contra el bienestar psico-emocional de las personas asexuales), legitiman cosas como el consentimiento viciado (cuando una persona da su consentimiento para relaciones sexuales pero por mera presión social o por temor a violencia física, sexual, psicológica o moral), también legitima la visión de que la libertad sexual se trata de hacer lo que quieras más que del ejercicio autónomo e informado de la sexualidad.

Cuando predomina la visión de que la asexualidad no existe lo único que hace es agravar todos los problemas antes mencionados y ocultarlos con la invisibilización que tanto tiempo nos ha hecho invisibles ante la historia y la sociedad. Reproduciendo y encubriendo las violencias que vivimos, también hay que tener en cuenta que la misma invisibilización es un proceso de violencia en sí mismo, como diaria Jorge Corst “La invisibilización es un proceso de desconocimiento de la violencia, ya sea por la carencia de recursos vivenciales o conceptuales, o por la construcción y significación sociocultural de los fenómenos que impiden reconocerla y nombrarla como tal”

El considerar a la asexualidad como una deficiencia u anomalía puede traer muchas implicaciones, pero la principal sería un capacitismo que nos pondría al nivel de niños incapaces de decidir sobre nuestra propia sexualidad, privándonos de nuestra capacidad de poder consentir o tan siquiera ejercer cualquiera de nuestros derechos sexuales y reproductivos porque al “padecer una deficiencia” no tenemos capacidad para elegir sobre nosotros mismos.

En cuanto a las implicaciones de considerar a la asexualidad una mera preferencia sexual en primera esto abriría la puerta a nuestros espacios a gente como incels, personas con el corazón roto, personas desilusionadas del amor, etc. Personas con las cueles no compartimos absolutamente nada porque nuestras vivencias están atravesadas por nuestra orientación sexual no por nuestra situación amorosa. Aunque la implicación más importante de esto sería considerar a la asexualidad como una mera elección y por lo tanto maleable o modificable lo cual traería los problemas de la patologización sin embargo la consecuencia más importante de esto es que nos dejaría desprotegidos a nivel legal y de derechos, todas las legislaciones en contra de la discriminación protegen solo a las orientaciones sexuales por ende si se considera a nivel social y político la asexualidad como una preferencia sexual quedaríamos sin ninguna protección ante los problemas antes mencionados.

 Y justamente es por eso que hablo de una necesidad política de ser considerados una orientación sexual por el hecho de que necesitamos de esa protección y de no tenerla lo que se generaría sería una asimetría en los derechos que tenemos las personas asexuales en comparación a las demás disidencias sexuales y de género, no estaríamos protegidos ante las terapias de conversión (protección con la que cuentan las demás orientaciones sexuales en varios países), no se podría reconocer a las víctimas de violencia sexual correctiva debido a que no sería considerado un crimen motivado por la orientación sexual de la víctima (el cual es mi caso con la agresión que padecí), no tendríamos acceso a una educación sexual integral que responda a nuestras necesidad (en al algunos países si responde a las necesidades de las otras disidencias sexuales y de genero). En resumen, seriamos marginados, sin posibilidad de defender nuestros derechos humanos y a merced de las violencias que nos atraviesan.

Por ello se vuelve un imperativo el entender que también hay una necesidad política en denominarnos como una orientación sexual, para reivindicar y proteger nuestros propios derechos.

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