El pez en el vaso

Escrito por: Patricia. Gr

No nos cansamos de escuchar a muchas personas decir que la asexualidad, demisexualidad y grisexualidad son «etiquetas innecesarias» y que aquellos que las utilizamos somos personas que necesitamos vernos especiales y diferentes ante la mirada de los demás. Vivimos continuamente defendiendo la asexualidad, nuestra orientación sexual, del bombardeo de mala información que nos lleva por el camino de la burla, la estigmatización y la patologización.

Los activistas que trabajamos dentro de twitter somos frecuentemente acosados y denigrados por dar a conocer la asexualidad o brindar apoyo, compartir un chiste o hablar de los prejuicios dentro y fuera de la comunidad. Lo que mencioné provoca en nosotros muchas cosas, desde cansancio, frustración, ganas de correr y escondernos en el ropero nuevamente. De mi parte ya me cansé de no poder hablar de mí con la misma libertad que otras personas. No tolero más que me insulten, ni que minimicen mi historia o me digan que me la inventé.

Harta. Esa simple palabra engloba todo lo que siento desde mi llegada a la comunidad. Estoy harta. Así de simple. Harta de no poder decir que la asexualidad no es un trastorno, que muchas personas sufrimos trastornos y que eso se debe a lo que asimilamos del mundo, lo que provoca en nosotros cada situación de mierda que vivimos por nuestra orientación. No es fácil vivir rodeados de prejuicios y aparentar ser uno del montón cuando no es real. Vivimos con una máscara puesta sin poder hablar de nosotros, de nuestra verdad. No somos nosotros todo el tiempo que estamos en sociedad, siempre interpretando un papel que no fue hecho a nuestra medida. Y estar encerrado en ese frasco se torna tóxico. Me siento un pez en un vaso con agua. Así de literal. Se ve un mar de diversidad a través de mi ventana y estamos todos juntos en este triste teatro, amontonado interpretando un papel que no es nuestro. La alonormatividad es un vaso para los asexuales, no todos cabemos en él y es válido que eso ocurra.

Llevamos el peso de la indiferencia, de la deshumanización, de ser considerados unos enfermos o unos impostores apenas abrimos el closet o contamos un poco sobre nuestra opresión y nuestra lucha. Somos sentenciados al silencio, a la marginalidad, a no poder dar un nombre a nuestra realidad o identidad. No podemos hablar de nuestras penas o alegrías como colectivo. No podemos dar información sin leer críticas o desinformación. No podemos compartir humor sin sufrir algún tipo de acoso. No podemos dar una nota sin que alguien nos desacredite. A las personas les gusta hablar mucho de libertad sexual, pero solo pronuncias la palabra asexual y ya te piden que seas un pez en un vaso con agua. Para nosotros no hay libertad, solo debemos guardar absoluto silencio.

¿Saben qué? Me cansé de ser el pez dentro del vaso.