Tarde

Autor: Patriciagr

«Siempre puse el alma entera, de cualquier manera soportando afrentas, que al final de cuentas me quedé sin fe» Julio Sosa

Una persona muchas veces no sabe en la cueva en la cual se mete, desde el 2016 me cuestionó muchísimas cosas a nivel social y personal sobre lo que debo contar o no me debo permitir contar en el colectivo. Desde esa fecha intento que se hable más de algo que es muy habitual, pero al mismo tiempo silenciado. Nuestras opresiones. Tengo la desdicha de conocer los martirios que vivimos muchas mujeres, que somos consideradas un fetiche o un reto. También está esa imposición de «cumplir» aunque no queramos con novios o maridos. Es tedioso lo que silenciamos.

Me permití hablar en el 2016 del proceso que viví apenas comenzaba mi adultez, solo tenía unos 18 años, nunca pensé; juro que no se me ocurrió por la falsa idea de pensar que gente como yo entendería y no juzgaría las vivencias de los que sufrimos en la invisibilidad. Creí que los «fundadores» y administradores, activistas, estarían más familiarizado con este tipo de vivencias, que no los consumiría el prejuicio; pero no fue así. Pasaron años desde la humillación que viví en el 2016 y hoy con 40 años me cuestiono muchas cosas. Solo me abriría con personas que realmente conozca, no llamaría amigos a gente que no me da la cara ni su nombre real; tampoco a aquellos que no tienen un contacto igual conmigo. No me arrepiento de trabajar dentro de la web y generar recursos; aunque en esos años eran tratados de forma bastarda por ser latina y mujer, lo mejor de todo que ese ataque provenía de mujeres europeas llenas de prejuicios por las personas de mi región; sobre todo creyendo que somos poco instruidas y no estamos «a la altura» de su región. En fin.

Creí que la comunidad entendería. Comprendí que el peor enemigo que tiene un activista asexual es otro activista asexual, ni siquiera los exclusionistas. Porque no hay nada más bajo que atacar el activismo de tu par sabiendo que atentas contra la poca visibilidad de tu colectivo.

Conté mi historia, no para aparentar ser víctima, yo fui víctima de la alonormatividad. Necesitaba soltar el calvario que viví y entiendan la situación en la que vivía, ¿para qué existe el foro entonces? ¿No es para hablar de lo que nos toca vivir? Se habla de opresión y no dejan que nadie cuente sobre ellas, hacen figurar todo como un rumor que existe y es real pero se silencia en lo profundo de un cajón. Nadie con juicio claro puede creer que vamos a contar esto para llamar la atención, para aparentar ser víctimas. El que lo hace, cuando lo hice yo, necesita drenar tanto dolor. Ustedes no se imaginan el desamparo que uno siente cuando vive esa situación, estábamos tan solos y con miedo. Quizás vi una falsa oportunidad en la comunidad asexual de contención familiar y de pertenecer a ella tal cual soy, yo llegué en pedazos; así me dejaron. Fui completamente estúpida en creer que podría pasar eso, ni mi familia acepta mi historia; ¿cómo la va aceptar gente que apenas conozco? Buscaba liberar dolor y ayudar a otros. Nada más, es el único motor que mueve mi labor. Si mi testimonio impulsa a otros asexuales a exponer las problemáticas que vive la comunidad asexual y sanar, es bienvenido. Es nuestra realidad. Nuestro testimonio no se guarda bajo siete llaves y candado, se visibiliza. Luego comienzan a quejarse cuando les preguntan por «las opresiones» y les dicen que son puro cuento. Hay que ponerse de acuerdo, ¿existen o no? ¿Metemos a la gente que la vivieron en un cajón porque «nos perjudica»? ¿Qué clase de activismo es el que buscan?

Ojo, a nosotros no se nos silencia. Nadie habla del dolor que vivimos por callar y no saber por qué nos patologizaron si estábamos bien. Nos sentíamos bien; pero la presión social nos impulsó a hacerlo, a consultar por algo que no merecía consulta, pero tampoco teníamos las herramientas que hoy hay. Bendita visibilidad que va a impedir que otros vivan nuestra condena. Nadie habla de lo que callamos, de lo que perdimos, del tiempo que no vivimos, del dolor. Tarde entendí que el silencio a veces es oportuno, sobre todo cuando estás rodeada de gente baja con ambición personal que usa una web, una revista o al colectivo de trampolín; ¿a qué? ¿Qué desvaríos se inventaron?

Cuando se hable de opresión, ahí estará nuestra voz. Nuestra historia y nuestros deseos nunca más serán silenciados.